¿Qué dijeron los estudiantes en Georgetown, tras el discurso de Cristina?

Manuel Ziegueredo y una pregunta que dio que hablar
Manuel Ziegueredo y una pregunta que dio que hablar Crédito: Julieta Nassau
La mayoría de los que asistieron a la inauguración de la Cátedra Argentina en la prestigiosa universidad de Washington se fueron con una certeza: "Es una buena política: sabe cómo evadir preguntas"
Julieta Nassau
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29 de septiembre de 2012  • 11:28

WASHINGTON.- Después de casi dos horas en las que la presidenta Cristina Kirchner contestara seis preguntas del público, muchos de los alumnos de la Universidad de Georgetown, en Washington, que asistieron a la conferencia se fueron con una certeza: "Es muy buena política:sabe cómo evadir preguntas".

Esa fue la conclusión más escuchada, con distintos tonos y en dos idiomas, dentro del Copley Hall de la prestigiosa institución, donde los 200 asientos dispuestos para la inauguración de la Cátedra Argentina, a cargo de la Presidenta, fueron pocos y obligaron a unas treinta personas a ver a la mandataria de pie.

Antes del mediodía se abrieron las puertas para el ingreso de los alumnos inscriptos, funcionarios, e invitados de la Embajada. El clima era de expectativa. Mientras esperaban para ingresar al salón, el tema de conversación entre los estudiantes era, casi de forma excluyente, la situación en la Argentina. Otros, especialmente los estadounidenses, se dedicaron a practicar en español la pregunta que querían formularle a la jefa de Estado.

"Tengo muchas ganas de poder hacerle una pregunta. Hace años que no contesta, y me interesa saber qué dice de las protestas que hubo hace poco en el país", dice Lucía He, una marplatense de 19 años que viajó a los Estados Unidos para estudiar Política Internacional en Georgetown. "Espero que no usen esta cátedra para populismo y para promover una imagen del país que no es la real", agregó y comentó que su pregunta sería sobre la canasta familiar de 6 pesos.

Las personas que lograron presenciar en vivo el discurso fueron privilegiadas. Una veintena quedaron afuera del salón, anotados en una lista de espera.

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"Sólo invitaron a la gente de Estudios latinoamericanos", se quejó Marcus Stromeyer, un estudiante de Economía de 19 años que no logró entrar. Desde adentro del salón, su hermano, Christopher, remarcó que la difusión del evento fue desprolija, ya que ni siquiera enviaron la invitación a todos los alumnos de ese departamento ni promocionaron el evento en el sitio de Georgetown. "Dijeron que iban a dejar pasar a todos los argentinos, pero eso no ocurrió. Había muchos invitados de la Embajada", comentó.

"Quiero preguntarle por qué el Gobierno miente con la inflación y me gustaría tener una conversación al respecto, como solemos hacer en Georgetown", dijo Marcus, que llegó a los Estados Unidos en 2002, cuando sus padres dejaron una Argentina en crisis.

Un grupo de acreedores de la deuda argentina se acercó al joven para entregarle un folleto que afirmaba, con una serie de argumentos en inglés, que "las libertades de prensa están bajo ataque en la Argentina". Dentro del salón, la realidad era otra. Cuando los estudiantes se registraban, recibían un pequeño cuadernillo bilingüe que explicaba los puntos claves de la causa por las islas Malvinas.

Alejandro Zendejas, un estudiante de Política Internacional de Texas, estaba interesado particularmente en ese tema. "Esta semana, en un curso de Seguridad Internacional, estudiamos las guerras de distracción y nos enfocamos en Malvinas. No sé si está usando ahora como una distracción, porque creo que hay otras cosas en las que enfocarse en Argentina", opinó, aunque finalmente tampoco pudo ingresar al Copley Hall.

LA CONFERENCIA

La hora de la conferencia se acercaba y Krysta Vielleda, una estudiante norteamericana de la Maestría en Economía, estaba especialmente atenta. "Me gusta Cristina Kirchner. Me gustan sus políticas económicas. Creo que es nacionalista, pero no en extremo. Le preguntaría si piensa seguir con este nacionalismo moderado y cuáles son sus planes en economía", adelantó.

Finalmente, a las 12.45 entró la Presidenta, detrás de la comitiva oficial, y ocupó el escenario junto al embajador, Jorge Argüello; el director del Centro de Estudios Latinoamericanos, Erick Langer; y la decana del Departamento de Estudios Internacionales, Carol Lancaster, quien estuvo a cargo de la presentación del discurso presidencial.

Cristina hizo un repaso por la historia argentina desde el nacimiento de la Nación, con la premisa de marcar "los claros y oscuros" de la relación con los Estados Unidos. Sin embargo, los estudiantes esperaban el momento de lucirse con su pregunta, que llegó 45 minutos después.

Si bien la mandataria dijo estar abierta a "preguntas de estudiantes y profesores", en realidad sólo los primeros, como estaba previsto, tuvieron su oportunidad, bajo la moderación de la decana.

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La primera pregunta estuvo a cargo de la presidenta del centro de estudiantes de posgrado de Estudios en América latina, la mexicana Alma Caballero, que la interpeló sobre el rol de la nueva cátedra.

Cerca de 25 manos peleaban en cada oportunidad por hacerle una pregunta a Cristina Kirchner y el tono de las preguntas fue subiendo en cuanto a rigurosidad.

"¿Por qué nosotros tenemos la oportunidad para hablar contigo cuando usted no habló con la prensa en Argentina por muchos años?", preguntó Gavin Bade, un alumno de 20 años de Política Internacional

Más tarde, Bade, que también es editor de uno de los diarios de la Universidad de Georgetown , dijo a LA NACION: "Estoy a favor de la libertad de prensa. Creo que para sacar ciertos estereotipos, como le debe suceder a ella por ser la primera presidente mujer, hay que discutir esos temas y ponerlos sobre la mesa, no regular los medios. Me apena que en una democracia como la de Argentina pasen estas cosas".

Insatisfacción

Cristina aprovechó el ambiente universitario y la pequeña audiencia para hacer bromas, especialmente sobre su bajo nivel de inglés, e incluso invitar al país a quienes la interpelaban, para que vieran "la verdadera Argentina".

"Las preguntas fueron buenas, pero ella no las contestó. Además, habló mucho de la democracia, pero no de la posibilidad de la re-reelección", opinó tras la conferencia la argentina Lucía He.

A su lado, Christopher Stromeyer coincidió. "Sabe cómo agarrar una pregunta y que se le pierda en un contexto que ella misma crea. Es inteligente, porque no contestó muchas de las preguntas".

La sexta y última pregunta trajo el principal contrapunto. "Soy Manuel, de Venezuela", se presentó un joven desde la audiencia y despertó cierta suspicacia en la Presidenta. Tal como su gesto anticipaba, Manuel Ziegueredo, de 22 años, hizo una pregunta incómoda: "Si Chávez pierde las elecciones de octubre próximo y él no reconoce su derrota, ¿cuál sería la postura de Argentina?" "Me encantó tu pregunta, Manuel. Sos un encanto. Me encanta la frescura. Está bien que pregunten", reaccionó la mandataria, antes de una extensa respuesta que incluyó errores de historia, anécdotas venezolanas y halagos hacia su par.

"No quedé muy satisfecho porque habló de Chávez como líder democrático, y no lo es", dijo a este medio Manuel, que estudia en Política Internacional en Georgetown.

"Ella mencionó su defensa sobre la democracia y por eso quería saber sobre su amistad con Hugo Chávez, que me preocupa muchísimo. Me parece que es una amistad por conveniencia y no por principios. Obviamente no va a hablar en contra de él, si gracias a él, la Argentina tiene superávit comercial", replicó el joven venezolano.

"Ella mencionó que en Venezuela hay libertad de expresión porque todo el mundo puede decir su opinión. Pero es distinto que puedas decir tu opinión a después ser perseguido o sancionado por hacerlo. En Venezuela hay mucha autocensura. El hecho de que la gente se exprese no significa que no haya violaciones a la libertad de expresión", agregó, y remarcó que Cristina está "muy desinformada" sobre la actualidad venezolana.

"Sin duda en la manera que habla, evadiendo las preguntas y dando respuestas de 40 minutos me recuerda mucho a Chávez. Pero no creo que llegue al extremo de Chávez, honestamente", opinó Ziegueredo.

"Trató de contestar a las preguntas pero se fue por la tangente de una manera cautelosa. Si es buena estadista, no sé, pero es buena política, por cómo responde las preguntas", concluyó el venezolano, tras su pequeño intercambio con la Presidenta. Como a él, y en un gesto de agradecimiento, la mandataria se acercó a cada uno de los que le hicieron preguntas para saludarlos antes de retirarse.

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