
¿Qué implica la fantasía de volar?
Psicólogos consultados por lanacion.com explicaron por qué el mundo de los aviones cautiva a los más pequeños
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Tener alas y alcanzar las estrellas, reunir la potencia de un avión y quedar suspendido en el aire, vencer a la ley de gravedad, migrar hacia mundos desconocidos o descubrir qué se esconde detrás del misterio que propone el cielo, son algunas de las inquietudes presentes en el pensamiento mágico que desarrollan los más chicos frente a las limitaciones diarias que encuentran en su entorno.
"En el mundo del niño, jugar y fantasear ocupan un lugar central. Es el territorio en el que elaboran sus ansiedades e imaginan cumplidos sus deseos", destaca a lanacion.com la psicoanalista Diana Litvinoff, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)
"Nuestro funcionamiento mental depende de cómo frente a la crudeza de las imposibilidades del mundo real, la fantasía nos permite una alternativa compensatoria", añade el Lic. en Psicología Carlos Moyano, titular del área de Niños y Adolescentes del Centro Integral de Psiquiatría y Psicología (Cidepp).
Para los especialistas consultados por lanacion.com, los niños encuentran en la capacidad de fantasear (o mundo interno) una manera eficaz de resolver problemáticas que, por lo general, carecen de soluciones fuera del terreno de su imaginación.
El Dr. Ricardo A. Rubinstein, miembro titular en función didacta de la APA y director de la consultora Sportmind, describe que los más pequeños "piensan que aquello que arman dentro de su cabeza, pasa afuera y que con su mente lograrán dominar todo lo que ocurre en el exterior".
"Ser poderosos como los adultos, elaborar sensaciones de impotencia, superar la finitud, son ansiedades que se han visto estimuladas en el reflejo de personajes fantásticos como Superman", ejemplifica Moyano.
El papel del juego. Para Carlos Plá Alem, médico psiquiatra especialista en el miedo a volar, es fundamental subrayar la importancia que reviste especialmente el juego durante los primeros años de vida.
"La posibilidad de juego simbólico que tiene el niño es espectacular. Pueden armar el personaje imaginario del objeto imaginario que deseen. Pueden trastocar cualquier cosa de la realidad y proyectar sobre ella lo que quieren", afirma.
Y remarca: "Cuando el chico se pone la capa de Superman es Superman, sin perder el criterio de realidad. Tiene la capacidad de proyectar con el disfraz el rol como lo podría hacer el mejor actor de teatro. Mientras es Superman está uniendo la representación mental de lo que es volar con la ilusión que tiene el hombre de poder hacerlo".
Los psicólogos y psiquiatras entrevistados por este medio coinciden en señalar que la capacidad de fantasear de los chicos que rondan los 3 y 5 años no encierra peligros siempre y cuando puedan diferenciar el mundo de la fantasía del real. "A medida que la persona va creciendo y madurando, se siente más fuerte para afrontar sus necesidades y el criterio de realidad se refuerza", especifica Litvinoff.
La idea de volar. Si bien la fantasía de volar puede considerarse "multifacética", por representar algo diferente en cada niño -de acuerdo con su propia individualidad e historia personal-, también reúne deseos comunes expresados en metas y fines universales.
Así, la vivencia que suele predominar en esta idea, según indican los especialistas, está ligada a sensaciones de poder, libertad y desprendimiento que experimentan las personas.
"El significado más ostensible de lo que implica volar va asociado al poder ser libre e independiente como los pájaros. Los aviones reúnen esa magia y capacidad, por eso atraen tanto a los chicos", apunta el Dr. Rubinstein.
"Los niños que miran fascinados el despegue y aterrizaje de aviones, sueñan con viajes, lugares desconocidos y aventuras. Se pone la fantasía de poder ir muy alto, de llegar lejos, de despegar como sinónimo de comenzar un camino propio y exitoso con el alivio de poder luego aterrizar a salvo", sintetiza Litvinoff.






