Radical de pura cepa
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La fortaleza política de Roberto Iglesias no nació ayer, cuando ganó la presidencia del radicalismo, sino que la fue construyendo desde 1999, cuando ganó la gobernación de Mendoza, tras romper una hegemonía peronista de 12 años. No sólo consiguió aquella victoria, sino que, cuatro años más tarde, en 2003, pudo dejar la gobernación en manos de otros radical, Julio Cobos.
Iglesias es el líder del radicalismo mendocino. Tanto, que aspira (aunque no lo dice) a regresar al poder provincial en 2007, cuando termine el mandato de Cobos.
Tiene al menos dos motivos contundentes para ser optimista: en octubre último el radicalismo mendocino, sin alianzas, logró una nueva victoria electoral, y su figura quedó fortalecida en el interior del partido, como una de las caras de la renovación.
Este ingeniero civil de 54 años, casado y padre de cuatro hijos, comenzó su carrera en la función pública en 1977, como inspector de la municipalidad de la ciudad de Mendoza. Luego fue secretario de Obras Públicas, dos veces intendente de la capital y gobernador, entre 1999 y 2003. Como allí no hay reelección, a regañadientes aceptó ocupar una banca como diputado nacional, aunque dice que lo suyo es la gestión.
Como presidente de la UCR, su mayor desafío será recuperar la identidad del partido y llevarlo unido hasta las elecciones de 2007. Para eso buscará "ser una oposición firme, clara y contundente para que la sociedad tenga una alternativa al Gobierno", según confió a LA NACION.
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