
Reeditar la experiencia de 1991
Un decreto cambió ese año varias leyes
1 minuto de lectura'
En octubre de 1991, el entonces presidente Carlos Menem firmó el decreto de necesidad y urgencia conocido como "de desregulación".
Básicamente, la norma impedía la fijación de precios mínimos, las reservas de mercado y derogaba muchísimas regulaciones que se consideraban "anticompetitivas".
Cavallo quería entonces impulsar la flexibilidad de precios y tarifas.
Por ejemplo, se derogó el régimen de fijación de aranceles de las escribanías de la Capital Federal. Y también el registro. Cualquiera que obtuviera el título profesional habilitante podía poner una escribanía.
También desaparecieron las normas que exigían una distancia mínima entre farmacias, las que impedían a éstas vender artículos de óptica y las que vedaban a los supermercados expender medicamentos de venta libre.
En 1991 se derogaron los regímenes que permitían a las asociaciones de determinadas profesiones imponerles a sus afiliados tarifas mínimas por sus servicios.
La idea era que quien demandara esos servicios pudiera negociar cuánto pagaría por ellos, permitiendo especialmente las rebajas.
En muchos de esos cambios hubo marchas atrás en los años posteriores. Y en muchas provincias nunca llegaron a adoptarse, a pesar de que el decreto promovía la adhesión.
El pacto fiscal de 1993 también comprometía a los gobernadores a avanzar en medidas semejantes, ya que el decreto nacional sólo tenía jurisdicción en la Capital Federal. En Tierra del Fuego rigió hasta su provincialización.
En los inicios de la convertibilidad lo que se buscó por esta vía fue el alza de los precios generado en un sector de la economía donde era imposible la moderación por efecto de las importaciones.




