Reprendieron a Videla en la primera audiencia del juicio
El presidente del tribunal lo hizo callar y le dijo que ya tendrá oportunidad de hablar
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CORDOBA.– Sentados uno al lado del otro y hablándose al oído, como viejos amigos, dejando atrás viejas rivalidades. Así, Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez comenzaron a ser juzgados en dos causas por delitos de lesa humanidad ocurridos en 1976.
El ex presidente de facto y ex jefe del Ejército durante la dictadura militar, hoy con 84 años, se mostró entero, aunque nervioso y fastidioso. A los pocos minutos de iniciarse la audiencia, mientras se leía parte de la acusación, Videla pretendió hablar. Sin embargo, el presidente del Tribunal Oral Federal N° 1, Jaime Díaz Gavier –quien ya dirigió los dos juicios contra Menéndez– fue terminante: le ordenó mantener silencio, le dijo que no era el momento apropiado para hablar y que ya tendrá su oportunidad de hacerlo.
Se descuenta que también pedirá la palabra Menéndez, como ya lo hizo en todos los juicios en su contra.
A 25 años del primer juicio a las juntas militares, Videla está otra vez ante un tribunal federal que lo juzga por torturas y asesinatos de 31 presos políticos de la Penitenciaria de Córdoba, mediante el simulacro de intento de fuga.
Como en los dos juicios en los que Menéndez fue condenado a perpetua, ayer se concentraron frente a los tribunales militantes de organismos de derechos humanos para "recibir" a Videla. Sin embargo, no tuvieron ningún contacto con el ex represor, que fue introducido en un vehículo a la cochera del palacio judicial.
Evitar roces
En la sala de audiencias se congregaron los 31 imputados, protegidos por mamparas de vidrios blindados. Había más de una decena de abogados, familiares de las víctimas y funcionarios y dirigentes políticos. Entre ellos, el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde; el intendente Daniel Giacomino, ministros y legisladores.
"Es muy bueno que se investigue, que ningún crimen de lesa humanidad quede impune. No se puede profundizar la democracia sobre la ciénaga del olvido, de la impunidad", dijo el funcionario Duhalde.
Díaz Gavier debió interrumpir la lectura de la acusación para pedir a familiares de las víctimas que cubrieran las remeras en las que tenían impresas leyendas o los rostros de sus parientes. "Es para que se eviten situaciones de roces", justificó.
Una escena incómoda se vivió en uno de los cuartos intermedios, cuando un hermano del militar Gustavo Adolfo Alsina, uno de los acusados, se acercó hasta la hermana de una de las víctimas e intentó excusar al sospechoso.
En el desarrollo de la primera audiencia, algunos abogados defensores demandaron la lectura completa de las piezas probatorias de los delitos atribuidos a sus clientes.
El abogado Osvaldo Viola, defensor del militar Carlos Poncet, pidió que se leyera la requisitoria de elevación a juicio de cada querella y la prueba completa. El Tribunal accedió a que se leyera sólo la acusación de la Fiscalía y la prueba, tarea que se extendería en la audiencia del lunes próximo.
En la lectura de la requisitoria y el auto de elevación a juicio, se mencionaron a las víctimas y victimarios de las torturas y crímenes en la cárcel de barrio San Martín y en la D-2, la Dirección de Informaciones de la Policía que funcionó en el Cabildo, liderada por el comisario Pedro Raúl Telleldín.
Cuando se mencionaron, se habló de "un sistema represivo organizado para la eliminación sistemática de personas, un verdadero terrorismo de Estado" al encuadrar los hechos en la tipificación ya realizada en juicios similares por el tribunal.
Fuentes judiciales estiman que el juicio se prolongará hasta fin de año. Deben declarar alrededor de 150 testigos, uno de ellos por videconferencia desde Europa. Además de Videla y Menéndez, están acusados varios militares, policías y un médico, imputado de fraguar certificados de defunción.


