Sin avances en la negociación de bancos extranjeros con los fondos buitre

Las tratativas para que las entidades compren la deuda llevan 4 días; el acuerdo aún está lejos
Alejandro Rebossio
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4 de agosto de 2014  

Algunos analistas del extranjero se preguntan cómo es posible que los precios de las acciones y los títulos públicos de la Argentina no se derrumbaron aún más después de que las agencias de riesgo crediticio calificaron la deuda del país con nota de default , e incluso recuperaron algo de valor el viernes pasado. La respuesta de operadores es que aún mantienen la esperanza de que los acreedores de la deuda reestructurada puedan cobrar más temprano que tarde, por la negociación que mantienen cuatro bancos internacionales con los fondos buitre para comprarles el pasivo en litigio y desactivar así lo que el Gobierno se niega a rotular como una cesación de pagos.

Los norteamericanos Citi y JP Morgan, el alemán Deutsche Bank y el británico HSBC han avanzado en el diálogo con los buitres, según publicó anteayer el diario español El País. Fuentes financieras confirmaron a la nacion que las conversaciones siguieron ayer; aún no se selló el acuerdo, pero tampoco se abortó.

El diálogo de los cuatro bancos con los acreedores que rechazaron los canjes de 2005 y 2010 y demandan el 100% de lo adeudado desde 2001 ya lleva cuatro días, bastante más que las pocas horas que duraron las negociaciones de estos últimos con la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (Adeba), que preside Jorge Brito, del Macro. Analistas destacan que la banca extranjera cuenta con más recursos que las entidades locales para comprar una deuda en manos de los buitres que algunos calculaban que valía US$ 1650 millones. Claro que esa cotización era lo que la Argentina debía pagarles el miércoles, según el juez de Nueva York Thomas Griesa, pero al no haberlo hecho, expertos consideran que los bancos podrían adquirir el pasivo quizá por 1400 millones o menos. El que lo compra carece de claridad sobre cuándo lo cobrará y si realmente podrá recuperar todo el dinero.

El Gobierno ha sostenido hasta ahora dos premisas: que no ofrecerá a los que rechazaron los canjes más de lo que ofreció a los que entraron y que si así lo hiciera hasta el 31 de diciembre debería mejorarles la propuesta de pago a estos últimos, según la cláusula de derechos sobre futuras ofertas (RUFO, por sus siglas en inglés). La duda de los bancos de Adeba y también de los internacionales radica en si en enero próximo, ya sin el corsé de los diez años en que rige la RUFO tras el canje de 2005, la Presidenta estará dispuesta a pagarles a los holdouts más de lo que se les paga a los tenedores de la deuda reestructurada. También hay que tener en cuenta que la quita que expertos calcularon en el 65% real en 2005 ahora equivale al 25%, según Eduardo Levy Yeyati, o incluso del 0%, según Alfonso Prat-Gay.

No se sabe aún si los bancos internacionales buscan comprar la deuda a los buitres o depositar una garantía, pero está claro que su objetivo radica en desactivar el bloqueo judicial de Griesa al pago de deuda reestructurada vigente desde el miércoles pasado. Se desconoce el motivo por el que lo hacen. Puede que piensen que sea un buen negocio comprarles el pasivo a los buitres para después cobrar la sentencia en 2015 o 2016, cuando asuma otro gobierno en la Argentina. Puede que HSBC y Citi lo hagan por motivos defensivos, dado que son el séptimo y el noveno banco en el país por patrimonio, y un default daña sus negocios acá. De hecho, Citi, cuyo presidente para América del Sur, Juan Bruchou, es uno de los líderes de la negociación, ya admitió que sufriría pérdidas por US$ 80 millones.

JP Morgan también puede que padezca algún daño. En mayo le compró a Repsol casi todos los títulos públicos que ésta había recibido por la indemnización de la nacionalización de YPF: bonos por US$ 4800 millones, de un total de 5320 millones. El banco seguramente haya vendido buena parte de esos papeles porque no es su negocio quedarse con ellos, pero puede que algunos cuantos hayan quedado en su cartera. Esos títulos perderán más valor si fracasa la negociación.

El ministro de Economía, Axel Kicillof, dijo el jueves que el Gobierno no se opone a que bancos compren la deuda, pero pidió que lo hagan con dinero propio. Tanto él como Cristina Kirchner apuntaron contra el presunto pacto de los bancos de Adeba con el presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, para adquirir aquel pasivo con fondos de la garantía de los depósitos o a través de una rebaja de encajes. Kicillof también atribuyó el intento de esos bancos a la frondosa cartera de títulos públicos en su poder.

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