“Sin precedentes”. El trabajo en el centro de detención clandestino La Perla identificó a ocho nuevos desaparecidos
A lo largo del año suman 38 las identificaciones realizadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense
7 minutos de lectura'


CÓRDOBA.- Ocho identidades más de personas desaparecidas durante la última dictadura fueron reveladas por la Justicia Federal de Córdoba. Con estas suman 38 las identificaciones realizadas este año por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) a partir de fragmentos óseos encontrados en el predio donde funcionó el centro clandestino de detención La Perla, en el sector conocido como Loma del Torito, en la Guarnición Militar de La Calera.
Los restos sometidos a análisis antropológicos y genéticos fueron hallados en las excavaciones iniciadas en setiembre del 2025 que se extendieron durante 70 días. El equipo del EAAF contó con la colaboración del Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de Córdoba y la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Las tareas fueron ordenadas por el juez federal Hugo Vaca Narvaja en el marco del expediente 35009693/1998, iniciado por una denuncia de Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, y familiares de desaparecidos.
Los nuevos identificados son Néstor Albino Acosta Ludueña, Claudio Norberto Nardini Lambir, Cecilia Alicia Pessina Libro de Ávila, Mercedes del Valle Ramírez Aguero, Pascual Delfín Ludueña Leyva, Juan Carlos Soulier Guillen, Marisa Luisa Salto Segovia.
La primera tanda de 12 identificaciones se conoció en marzo, pocos días antes de que se cumplieran 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976: Carlos Alberto D’Ambra Villares, José Nicolás Brizuela, Raúl Oscar Ceballos Cantón, Alejandro Jorge Monjeau López, Ramiro Sergio Bustillo Rubio, Mario Alberto Nívoli Gauchat, Oscar Omar Reyes, Eduardo Jorge Valverde Suárez, Sergio Julio Tissera Pizzi y Elsa Mónica O’Kelly Pardo.

También se determinó que uno de los restos correspondía a una de las mellizas Adriana y Cecilia Carranza Gamberale, aunque no se pudo establecer a cuál de ellas. Una identidad no se difundió a pedido de la familia.
La segunda comunicación pública llegó en mayo, con 16 nombres, porque otra familia solicitó preservar la identidad de la víctima. La lista incluyó a Gilbestor Néstor Lellin D’Francesco, Graciela María de los Milagros Doldán, Juan Carlos Navarro Moyano, Adrián José Ferreyra Rivero, Víctor Carlos Díaz Rinero, Marta Susana Ledesma Vera de Comba, Ester Felipe, Luis Mónaco, Silvia del Valle Taborda, Nélida Noemí Moreno de Goyochea, José Luis Goyochea Escudero, Gustavo Daniel Torres, Edelmiro Cruz Bustos, Oscar Segura Reineri, Rosa Cristina Godoy de Cruspeire y Carlos Cayetano Cruspeire.
El nombre de Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau, quien tenía 22 años, era estudiante, militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y trabajaba en IKA-Renault, fue difundido en agosto último. Fue secuestrado el 5 de mayo de 1976 en una pensión junto con su pareja, Susana Noemí Huarte Martínez, quien estaba embarazada y continúa desaparecida.
Recuerdo de los familiares
Hubo un momento en que los familiares de los últimos identificados pudieron hablar. “Somos conscientes de que esto no termina, hay que seguir la lucha. Seguir luchando por memoria, verdad y justicia. Reivindicando la lucha de todos los compañeros de una sociedad mejor para todos”, dijo la hermana de Salto Segovia, quien contó que lo hallado “podrá descansar con mis padres y mi otro hermano”.
También la hermana de Cecilia Pessina de Avila, relató cómo al momento del secuesto, avisaron por el portero “nos llevamos a la mamá, dejamos a la nena”. Los vecinos se quedaron con la criatura hasta que la buscó su tía. El padre quien vivía en Río Tercero y había trabajado en Fabricaciones Militares fue allí a pedir orientación allí, lo mandaron a la comisaría y terminó secuestrado en la D2 del centro de Córdoba por unos días.

“La idea que tengo es que el metacarpo de la mano derecha, el huesito que habla, es la mano con la que Cecilia escribió historias, ejecutó música”, se conmovió la hermana de la joven desaparecida a los 27 años. Recordó a su sobrina Carolina, quien murió hace dos años. “Fue una segunda tragedia, no la pude retener. Era un pedacito de ellos dos”, subrayó.
Rosa Ludueña, sobrina de Delfín Ludueña, afirmó que, en su caso, fue identificado por un fragmento del pie. “Los pies dejan huellas. Ojalá sirvan para que todos, nunca dejemos de recordar lo que pasó”.
Repasó que su abuela Petrona “enloqueció de sufrimiento; murió sin saber nada; sin poder velar sus restos, sin saber la verdad”.
La hermana de Acosta Ludueña, emocionada también, dio cuenta de cómo los impactó la desaparición: “Mi familia era una familia común, de gente trabajadora, honesta. Néstor militaba en el PRT, trabajaba en el ferrocarril. Luego de 50 años de lucha podemos decir que Néstor está aquí, presente. Dejó de tener la condición de desaparecido. Eso es muy valioso”.
Sebastián Soulier, hijo de Juan Carlos, describió que usó un pañuelo blanco en el cuello “porque hace 50 años que buscamos, no somos solos. En mi familia quedan dos desaparecidos, un tío y mi mamá. ´El negro Carlos´ volvió y podemos abrazarlo".
Todos y cada uno de los familiares agradecieron al EAAF y al juez Vaca Narvaja por el trabajo, además de al resto de las instituciones que colaboraron.
Prestigio internacional
Mariela Fumagalli, antropóloga y directora programática del EAAF, describió que las ocho hectáreas de la Loma del Torito ya fueron completamente excavadas en “una operación minuciosa” que incluye trabajo mecánico y manual. Hasta finales de este mes se mantiene el trabajo en el lugar, luego se corta por las lluvias.
“Sin precedentes”, caratuló la tarea que se realiza en Córdoba. El reconocimiento del EAAF es internacional. Su trayectoria comenzó en la Argentina, en los primeros años de la democracia. Se constituyó formalmente en 1987, después de las primeras exhumaciones realizadas en 1984 con la participación del antropólogo forense estadounidense Clyde Snow.
Desde entonces, desarrolló métodos que combinan la antropología, la arqueología, la genética y la investigación documental para localizar, recuperar e identificar víctimas de desapariciones forzadas.
La experiencia acumulada llevó al equipo a intervenir en casos de repercusión internacional, como la identificación de los restos de Ernesto Che Guevara en Bolivia y las investigaciones sobre los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, en México. También participó en la identificación de soldados argentinos sepultados en el cementerio de Darwin, en Malvinas.
En Córdoba, los especialistas trabajaron en Loma del Torito, donde hallaron restos dispersos, fragmentados y desarticulados. Cada pieza fue recuperada, clasificada y analizada; después, los perfiles genéticos obtenidos se cotejaron con las muestras de referencia de familiares de desaparecidos.
La investigación combinó testimonios, fotografías aéreas históricas, imágenes satelitales y tecnología LiDAR, un sistema que utiliza pulsos de luz láser para relevar el terreno y detectar alteraciones en el suelo.
La Perla funcionó entre 1976 y 1978 bajo la órbita del Tercer Cuerpo de Ejército, comandado por Luciano Benjamín Menéndez, uno de los principales responsables de la represión ilegal en el país. Según las estimaciones del Archivo Provincial de la Memoria, por ese centro clandestino pasaron entre 2200 y 2500 personas. La mayoría continúa desaparecida.
El EAAF mantiene un pedido de colaboración dirigido a familiares de personas desaparecidas entre 1974 y 1983 para que aporten muestras genéticas que permitan realizar nuevos cotejos. Esa participación de esas familias resulta central para que los perfiles obtenidos en los laboratorios puedan compararse con referencias genéticas y se concreten nuevas identificaciones.




