Un faltazo sugestivo en una ciudad colapsada
Versiones por los cambios de agenda
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NUEVA YORK (De un enviado especial).- El servicio secreto de los Estados Unidos había preparado al detalle el traslado de Néstor Kirchner hasta la sede de las Naciones Unidas (ONU) para que participara de la apertura de las sesiones.
Dos coches de custodia y cinco motos para abrir camino le permitirían llegar a tiempo: calcularon 45 minutos para cubrir 20 cuadras.
En una ciudad sitiada por policías, bomberos y agentes de todo tipo, en medio de la lluvia y con un tránsito de tortura, parecía un cálculo conservador, como para entrar en el edificio a las 9.30 en punto.
Pero en el trayecto desde el aeropuerto John Fitzgerald Kennedy hasta el hotel donde se aloja en Manhattan, Kirchner dijo no. Eran casi las 6, llovía sin tregua y casi no había dormido en el avión.
Versiones de todo tipo arreciaron cuando se conoció entre la prensa latinoamericana la noticia de que el presidente argentino faltaría a la inauguración. Kirchner no escucharía en persona los discursos del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan; del brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y del norteamericano George W. Bush.
Que era un medido desaire a Lula, con quien se encontraba distanciado hasta ayer al mediodía. Que quería marcar una posición contra los Estados Unidos y su política unilateralista... Nada de eso, aseguraron una y otra vez desde la delegación argentina. Como mucho, decían los ministros y voceros, era una muestra del tan remanido "estilo Kirchner".
"El Presidente llegó muy cansado del viaje y, además, no le alcanzaba el tiempo para ir al hotel, cambiarse y cruzar el tránsito de la ciudad", explicó oficialmente el canciller Rafael Bielsa.
Más tarde, desde el despacho del vocero presidencial, en Buenos Aires, se informó que Kirchner prefirió descansar, retocar el discurso que leerá ante la Asamblea mañana y mantener algunos contactos personales con la Argentina.
Lo cierto es que las conjeturaciones sobre los supuestos desplantes (en especial al presidente brasileño), que parecían creíbles, se esfumaron por la tarde.
Kirchner conversó amigablemente con Lula, primero (quedó en verse hoy), y con Bush, después.
Transeúntes mimos
El Presidente tuvo que soportar luego las grandes movilizaciones de custodios que suele rechazar en la Argentina. Aquí son obligatorios los cuidados del servicio secreto.
En sus traslados desde y hacia la sede de las Naciones Unidas, Kirchner pudo ver, además, el caos neoyorquino en estado puro.
La presencia de Bush en la ciudad era el principal motivo: en el momento en que el presidente norteamericano pasa por una zona, cualquier persona que circula por el lugar debe atenerse a los gritos de los guardias. "Freeze (quietos)", vociferan, y ¡guay! de quien se mueva.
No hay bocinazos, ni quejas, ni remedio. Todos se quedan quietos como en una masiva representación de mímica.
En los alrededores del Museo Americano de Historia Natural, donde Bush ofreció una recepción a más de 100 presidentes, estaba prohibido el paso de público no autorizado. A las reuniones sólo podían pasar los jefes de Estado y sus traductores.
Francotiradores apuntaban desde azoteas visibles, mientras autobombas y celulares de la policía cortaban avenidas y calles en una ciudad que no olvida sus horas de máximo terror, hace ya dos años.





