
Un patriarca de la política
El senador de Cruzada Renovadora construyó su partido y su familia con igual pasión; apoyó a Perón y a Menem, y ahora, en el séptimo intento, alcanza el poder aliado con sus viejos rivales
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SAN JUAN.- Alfredo Avelín construyó un partido político y una familia con idéntica pasión; tanto, que es difícil precisar dónde termina el partido y dónde comienza la familia.
Sus hijos lo llaman "Senador", y cuando se refieren a él en tercera persona hablan de "El líder".
Los sanjuaninos podían votar ayer, en una misma boleta, al padre para gobernador; al único hijo varón, Alfredito, para intendente, y a la hija, Nancy, para diputada provincial.
Su imagen es la de un patriarca de provincia: por la manera de hablar, de una época en que el lenguaje político remitía a los sentimientos populares (dice, por ejemplo: "En el ser humano, y sobre todo en la gente humilde, hablan sus ojos, y uno lo interpreta como una adhesión auténtica y sin pedir nada"), y por el aspecto físico, de hombre grande (por sus 72 años y por su tamaño), de caminar lento y gesto generoso, los ojos siempre un poco nublados, la voz profunda, las pausas entre oraciones.
Con su eterno maletín de médico a cuestas, ha sabido mantener una imagen de hombre honesto y sensible. En el hall de entrada de su casa de la avenida Córdoba, en el centro de la ciudad, suele haber una hilera de sanjuaninos pobres esperando una revisión clínica.
Avelín los revisa, y les regala medicamentos si no pueden pagarlos. Y ataúdes de pino cuando no tienen dinero para sepultar a sus muertos.
Afán hipocrático y placas
Su lucha por la salud la trasladó al Senado. Fueron innumerables las sesiones en las que reclamó por un tomógrafo computado para el hospital de San Juan.
En medio de discusiones partidarias, Avelín sorprendía desde su banca con el pedido sanitario. Cierto día llegó a tildar de corrupto al jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, en su propia cara, porque no obtenía una respuesta de su parte.
Sobre el escritorio de su despacho de la Cámara alta se mezclan los expedientes con un estetoscopio, que en muchas ocasiones utiliza para revisar a algún colaborador con dolencias.
En el frente de la casa en la que crecieron su familia y su partido durante cuarenta años hay seis placas doradas con su nombre, el de su esposa y los de sus cuatro hijos, con sus respectivas profesiones (médico, abogado, dentista).
El hall es una modesta sala de espera, con una imagen de la Virgen, una gran planta de plástico y una frase enmarcada de Bartolomé Mitre que llama a la defensa de los intereses nacionales.
"¡Ah! Yo soy un gran defensor de esos intereses. Estuve muy metido con el tema de los hielos continentales", explica en la habitación en la que atiende a pacientes, políticos y periodistas, mezcla de consultorio médico con despacho de abogado y hombre público.
Avelín será uno de los pocos legisladores que se animará a votar en contra del acuerdo sellado entre peronistas y radicales para solucionar el último conflicto limítrofe con Chile. Dice que este tratado avasalla los derechos argentinos en la zona. Presentará por eso un dictamen en minoría.
El equipo de campaña nacional de la Alianza tuvo que pedirle varias veces en las últimas semanas que moderara el nacionalismo encendido de su discurso, porque sonaba anacrónico.
Una cruzada experimental
Se mudó a aquella casa por la época en que fue intendente, el único cargo ejecutivo que tuvo hasta hoy, a pesar de tantos años de política y de construir espacios de poder en su provincia.
En esos diez meses que administró la ciudad, creó el Banco de la Sangre, la Farmacia Municipal y el servicio fúnebre gratuito; además, organizó las calles céntricas según los puntos cardinales.
En 1960, cuando Arturo Frondizi había abandonado el nacionalismo de su discurso de candidato por una acción más pragmática de presidente, Avelín compartió la decepción de gran parte de los que lo habían apoyado. Dejó la UCRI y fundó Cruzada Renovadora, "partido de orientación federal, humanista y con fuerte preocupación por los problemas sociales", de acuerdo con su propia definición.
El experimento fue exitoso. Cruzada sobrevivió, en histórica competencia con el bloquismo, el partido provincial de Leopoldo Bravo (ahora también senador), más antiguo y más flexible respecto de alineaciones pragmáticas con sucesivos gobiernos nacionales.
Avelín comenzó con Frondizi, luego apoyó a Oscar Alende, a Perón en 1973 y a Carlos Menem en 1989.
En San Juan recuerdan su fascinación por el caudillo riojano cuando, sobre el final de la campaña electoral que lo llevó a más de diez años de gobierno, prometió "restablecer el imperio incaico" en un discurso público.
Ese era el Menem que quería Avelín. La desilusión definitiva llegó con las privatizaciones, que el sanjuanino rechazó espantado.
Su sintonía con la Alianza en el recinto del Senado fue, por eso, casi automática.
Si bien en la mayoría de las votaciones en el recinto se ubicó del lado de la oposición, no puede decirse que este hombre haya abandonado su independencia de criterio. A Avelín se lo reconoce por sus discursos encendidos y en favor del patrimonio nacional.
La noche de los senadores
El momento más oscuro de su vida política ocurrió en 1992, en un episodio que quedó en la memoria de los sanjuaninos como "La noche de los senadores".
La Legislatura provincial debía designar a un senador nacional, y eligió a Avelín. Pero en un acuerdo escandaloso, Cruzada y el Bloquismo, que tenían la mayoría, designaron también, con tres años de anticipación, a Leopoldo Bravo para el período 1995-2004.
El año último, con el menemismo iniciando una forzosa retirada, llegó la ilusión triunfal de la Alianza.
Cruzada ya había participado de elecciones en alianza con el radicalismo local, así como el bloquismo se había unido al Frepaso; esta vez surgía el proyecto de unirse los cuatro en un bloque para desplazar al gobernador menemista, Jorge Escobar, con ocho años en el poder.
La alianza provincial se concretó en agosto último; sólo faltaba elegir a un candidato. Avelín no dudó: sería él o que no contaran con Cruzada. El bloquismo lo apoyó (puso el candidato a vicegobernador) y al radicalismo no le quedó otro remedio que aceptar el acuerdo. Su firmeza se explicaba: ya había intentado seis veces ser gobernador (en 1963, 1973, 1983, 1987, 1991 y 1995).
En todas fracasó -la última, frente al mismo contendiente que tuvo ayer-, aunque en alguna ocasión estuvo cerca. Los partidos que hoy integran la Alianza habían sumado, por separado, casi el 55 por ciento cuando Escobar fue reelegido con el 45 por ciento de los votos, en 1995. Esta vez tenía que dársele.
Escobar se cansó de provocarlo. "Piedra libre a Avelín, que está escondido detrás de la bandera de la Alianza -repetía-. Tiene 75 años y se quedó con las ideas de hace 40." Pero no logró que el senador le respondiera. Arriba en las encuestas de intención de voto, el viejo político decidió dejar las cosas como estaban para no hacer nada que pudiera arruinar el buen pronóstico.
Por fin, después de tantos intentos, Avelín llevará al gobierno a su partido y, al menos como compañía, a su familia. Le tomó más de treinta años y una decisión sorpresiva: la unión con sus rivales de siempre.
Historia y pasiones
- Un debate lateral de la campaña electoral se generó con respecto a la edad del candidato de la Alianza: él declaraba 72, Escobar le adjudicaba 75 y el candidato a vicegobernador del PJ juraba que su padre, que tendría 78 si estuviera vivo, fue compañero de colegio de Avelín. El padrón electoral dio la razón al senador, que nació en 1927.
- Avelín es un ávido lector. "Tolstoi es el escritor ruso que más me conmueve", contó a La Nación . Ha escrito varios libros de poesías, semblanzas y reflexiones personales, y es miembro de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).
- En 1958 fue elector a presidente de la Nación de Arturo Frondizi.
- El acuerdo por los hielos continentales es una de sus obsesiones. Presentó más de 40 proyectos sobre el tema y escribió "La historia nos juzgará".
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