
Adriana B. Anzillotti
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Otra vuelta de tuerca en el Real Estate local que se abre como un abanico de nuevas posibilidades: la costa atlántica parece un refugio de valor para los miles de turistas que no sólo se sienten atraídos los meses de verano para instalarse y explorar nuevos rincones. La rapidez que ofrecen tanto la autovía 2 como las rutas que llevan a los diferentes balnearios crean una afluencia permanente de viajantes hacia la costa también el resto del año. Los nuevos countries y urbanizaciones prometen una combinación casi perfecta: el mar, rodeado de áreas de campo, con deportes (polo y golf) y todos los servicios.
Algo similar, aunque con otras características, sucede en la otra orilla, en Punta del Este. Además de las tradicionales chacras marítimas, se suman barrios abiertos y cerrados, como los que se han lanzado, por ejemplo, en José Ignacio, también destinados a un público que aprecia disfrutar de la vida al aire libre, rodeado de mar y de arboledas añosas, ideales para tomarse un descanso en distintas épocas del año.
El fuerte auge de la construcción también se refleja en complejos de propiedad horizontal y hoteles en la costa, en sectores poco o nada conocidos para ampliar la oferta destinada al turismo. Se plantean alternativas y se afianzan conceptos para los desarrollos, respetando el medio ambiente. Aquí, en Buenos Aires, el mercado promete mucho ritmo. Se sumarán alrededor de un millón de metros cuadrados o más, pero no todo será destinado a la venta, sino también para alquilar. Y a propósito de los valores tanto de compra como de renta, todo parece indicar que seguirán en alza. La ecuación no cierra del todo: si habrá tanto para elegir, y si en las áreas más cotizadas prácticamente no existen lotes para construir, cómo puede ser que los precios no alcancen un techo. Tampoco se comprende cómo en barrios menos cotizados las empresas inmobiliarias se animen a tasar propiedades, del tipo de las PH, por ejemplo, a 700 u 800 dólares el m2, definitivamente inhabitables y que sólo pueden ser demolidas. ¿Qué brecha habrá entre lo que se pide y lo que la demanda paga realmente?





