
En Pilar, algunos coleccionistas revelan los secretos de este hobby compartido
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Entre la enorme multiplicidad de pasatiempos que disfrutan los hombres, el de arreglar y coleccionar autos antiguos se lleva un puesto de privilegio. Los espacios verdes y las calles seguras y tranquilas de un country de Pilar brindan el entorno adecuado para desarrollar una pasión por la que se inclina cada vez mayor cantidad de socios.
Ricardo Poracchia es dueño de un Porsche 911 T 2.2 de 1970. "Se lo compré a un señor que lo importó de California. Lo vi el primer día que se publicó en el diario y lo compré. Al propietario le encantaban los barcos y con la plata que sacó de la venta del auto, se dio el gusto de comprarse otro", recuerda Poracchia.
A este ingeniero, padre de dos hijos, no le cuesta nada confesar que este modelo ha sido la obsesión de su vida: lo ha tenido en la mira desde siempre.
Tanto, que cuando terminó sus estudios viajó a conocer la fábrica de Porsche en Alemania. Siempre le gustaron los coches y al mudarse al country profundizó este sentimiento. "El ambiente colabora con el disfrute de los autos. Este estaba bastante entero cuando lo compré, y no le tuve que poner mucha mano de obra. Me gustan las carreras y participé dos veces de las 1000 Millas de Uruguay, voy al autódromo de Buenos Aires y también me anoté en algunas carreras del Club Porsche", sigue.
Pero ésta no es su única adquisición. Además cuenta con un Lotus Seven y un BMW 320, que junto con el primero habitan el garaje de su casa. "Por suerte lo tengo a mi hijo Erico, al que le encantan los autos y vamos a correr carreras juntos", concluye.
Si bien en general las mujeres protestan por la cantidad de horas de trabajo que reclama un auto de estas características o la cantidad de espacio que ocupa, este hobby se va adueñando de a poco de toda la familia, que finalmente también sale a dar unas vueltas con él o colabora en su lavado.
Más de 20 años
Ricardo Donizzetti, otro apasionado por las viejas glorias, se compró hace 22 años un Ford 1941 convertible gris. "Hasta hace algún tiempo tenía varios ejemplares, pero ahora opté por quedarme sólo con uno porque es demasiado el tiempo que hay que dedicarle. Este lo encontré en un garaje y una gran cantidad de repuestos los tuve que traer de Estados Unidos", cuenta.
Como hace 23 años tiene casa de fin de semana, el auto a veces estaciona en Capital y otras en el country, desde donde le encanta salir con el Ford hasta Pilar y sus alrededores. "Mi hijo menor, Diego, es el que más se ocupa. Lo saca a dar vueltas para que no se desgaste. Por ahora no tengo pensado comprar ninguno más."
Lucas Cassullo tiene 26 años y representa la generación de jóvenes que reciben como herencia la pasión por los fierros. "Mi papá tiene un Ford A que compró en 1983 y creo que de ahí me surgió la fascinación por los autos, ya que siempre lo ayudé con los arreglos y el mantenimiento. Yo me compré esta camioneta Chevrolet de 1946 cuando estaba en 5° año del colegio, el día de mi cumpleaños y con lo que ahorré por no almorzar. La encontré en una chacra en Entre Ríos en bastante mal estado, con lauchas en el asiento", comenta.
Como su familia vive en el country hace cerca de 20 años, cuentan en la casa con una especie de taller con fosa incluida donde pasa con su padre los ratos libres.
"Los autos hay que andarlos y usarlos regularmente", dice sonriente Cassullo.
Hace 6 años que Marcelo Rodríguez Molet adquirió su Karmann Ghia de 1963. "Había estado tres años en restauración y yo lo recibí casi terminado, por lo que sólo me ocupé de las terminaciones y los últimos detalles."
Con este auto, que en su momento fue importado por la embajada de Alemania, corrió las 1000 millas en 1999. Se quedó en la mitad del circuito, pero eso no lo detiene. "Desde chico estuve metido entre autos y también le pasé a mis hijos este hobby. Siempre tengo en vista algún coche, pero a mi mujer no le entusiasma demasiado que se multipliquen", agrega.
"Me gusta andarlo por cualquier lado. No me pongo restricciones en ese sentido. Mi hijo Tomás lo usa sólo por el country, porque el tema de la seguridad me preocupa un poco", confiesa Rodríguez Molet.






