
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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El laurel rosa, conocido como adelfa para los españoles, es un arbusto muy presente en nuestros jardines. Se lo suele ver podado como arbolito, en el arbolado urbano de alineación, sobre todo fuera de la ciudad. También se lo encuentra en poblaciones del Mediterráneo español. Atrae por su rusticidad, su follaje permanente de hojas coriáceas, oscuras, y sus bellas flores que, agrupadas en racimos, cubren la planta desde la primavera hasta el otoño.
Su nombre es Nerium oleander y es la única planta reconocidamente tóxica, cuya plantación se ha limitado en algunos ámbitos. Años atrás visité la sección de Toxicología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y me informaron que habían quitado ejemplares de esa planta de los jardines porque la gente, distraídamente, cortaba una ramita y se la llevaba a la boca. Su toxicidad se manifiesta hasta por el simple hecho de aspirar el perfume de las flores o usar las ramas secas como brasas para asar alimentos, lo que puede provocar malestar y mareos.
Tengo en mi jardín una planta llamada heléboro - Helleborus niger - o rosa de Navidad, para el hemisferio norte, conveniente por razones prácticas: es resistente, prospera en completa sombra, florece en el rigor del invierno y sus flores duran, sin secarse, todo el año.
La planta tiene raíz rizomatosa, forma un matorral bajo de medio metro, emite tallos con hojas palmadas, compuestas por folíolos coriáceos, y tallos florales, ramificados en dos o tres brazos, con bellas flores solitarias, formadas por 5 sépalos que parecen pétalos, pero con tejido más resistente; de ahí su duración.
Su color es blanco con tintes rojizos. En este momento la planta luce flores nuevas, con estambres, y las anteriores, semillas, y es muy bonita. Se la considera muy tóxica, toda la planta tiene propiedades cardiotónicas.
El digital o dedalera - Digitalis purpurea - es una herbácea bienal, muy bonita, ya que forma una roseta basal y emite una larga vara que se cubre de flores como campanas o dedales en la gama de los rojos o rosados. Se la ve poco en nuestros jardines, pero en lugares como Jujuy y Nahuel Huapi se ha asilvestrado. De sus partes aéreas se extrae la digitalina, un compuesto cardiotónico, medicinal, pero altamente tóxico.
Estas plantas de nuestros jardines -y muchísimas otras que también forman parte de nuestro entorno cotidiano- reúnen la doble condición de ser benéficas y letales, y su reconocimiento ha sido siempre obra de gente -en general, campesina- que observó con sabiduría su comportamiento e indujo las posteriores investigaciones científicas.





