
Cristina L. de Bugatti
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En primer lugar estos rosales son económicos. Además, tienen tiempo para que su metabolismo trabaje a pleno cuando ocurra la eclosión primaveral. Conviene observar las plantas que se adquieren: si hay raíces rotas o muy largas se las debe podar (ídem con las ramas); si se notan resecas, se las puede sumergir por varias horas en un balde con agua adicionada con un puñado de tierra fértil o estiércol. Para plantarlas se cava un pozo de 40 o 50 centímetros en todo sentido, se cubre el fondo con tierra suelta y fértil, se pone la planta y se rellena el hoyo.
Se la ubica distribuyendo las raíces hacia abajo y el punto de injerto debe quedar siempre sobre la superficie. Luego se riega copiosamente para que la tierra se consolide.
Por unos días puede quedar una depresión alrededor, para que el riego no se escape. El lugar debe tener entre 6 y 7 horas diarias de sol, mejor por la mañana. Los rosales trepadores exigen los mismos cuidados.




