Convivir con inteligencia (real y artificial) en el consorcio
Desde ConsorcioAbierto cuentan cómo se puede utilizar la tecnología que está revolucionando nuestras vidas en la administración de edificios.
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En esta época casi todo sucede en tiempo real: los consumidores pueden seguir una compra desde que sale de un depósito hasta que llega a su puerta, saber cuándo se acredita una transferencia o acceder a información actualizada sobre casi cualquier aspecto de sus vidas. Dicho de otra manera, las personas se acostumbraron a tener respuestas rápidas y, por eso, también las exigen cada vez más. Sin embargo, cuando vuelven a sus departamentos sucede algo curioso: al ingresar al edificio pareciera que se retrocedió algunos años en el tiempo.
“En los consorcios seguimos conviviendo con situaciones que difícilmente aceptaríamos en otros ámbitos: no sabemos cuándo se resolverá una reparación, no encontramos información cuando la necesitamos o no comprendemos del todo cómo se tomó una decisión que impacta directamente sobre el lugar donde vivimos”, destaca Albano Laiuppa, director de ConsorcioAbierto, compañía tecnológica especializada en propiedad horizontal que acompaña a más de 1.700 administraciones y 14.000 consorcios en Argentina. Esa experiencia le permite observar de cerca cómo cambian las expectativas de quienes viven en edificios. La demanda de los vecinos hoy está cada vez más relacionada con visibilidad, trazabilidad y respuestas oportunas sobre lo que ocurre en el consorcio.

En la ciudad de Buenos Aires, este no es un tema menor: tres de cada cuatro porteños viven en edificios. “Estamos hablando de nuestro hogar, pero también de uno de los principales activos patrimoniales de millones de personas. Quizás por eso la conversación sobre inteligencia artificial resulta especialmente interesante cuando se la observa desde la vida en comunidad. Antes de preguntarnos qué tan inteligentes pueden llegar a ser las máquinas, vale la pena preguntarnos qué entendemos por inteligencia cuando hablamos de edificios”, dice Laiuppa. “Porque la inteligencia real en un consorcio tiene menos que ver con la velocidad y más con la capacidad de comprender lo que está ocurriendo antes de que aparezcan los problemas. Aparece cuando una comunidad logra anticiparse, cuando hay confianza y la información circula con claridad”, agrega el director de ConsorcioAbierto.
Durante años, muchas de las señales necesarias para construir esa inteligencia estuvieron dispersas. Un reclamo en un mail, una observación en una asamblea, una factura archivada entre cientos de documentos o una serie de consultas que parecían no tener relación entre sí. Luego, la tecnología ayudó a dar el gran paso: los sistemas de gestión permitieron ordenar documentos, centralizar procesos y mejorar la comunicación. Fue un avance importante porque transformó información dispersa en información disponible. La novedad es que ahora la tecnología también empieza a ayudar a comprender lo que esa información significa.
Hoy los sistemas con inteligencia artificial ya pueden cargar facturas automáticamente, asistir conciliaciones bancarias, identificar pagos incluso cuando el vecino no envía comprobantes y redactar comunicados claros para toda la comunidad. De esta manera, tareas que durante años consumieron tiempo silencioso de las administraciones, con alto margen de error, ahora pueden resolverse en cuestión de segundos.
Una transformación que recién comienza
Sin embargo, este tampoco es el final del camino. Y es que en los próximos años veremos sistemas capaces de advertir qué mantenimiento conviene realizar antes de que aparezca una falla costosa, detectar consumos fuera de lo habitual, identificar problemas que se repiten o ayudar a comprender con mayor precisión cómo determinadas decisiones pueden impactar sobre las finanzas y la conservación del edificio. “El cambio más relevante es cultural: la transparencia dejará de ser un diferencial para convertirse en una expectativa básica, y la capacidad de anticiparse será cada vez más importante”, señala Laiuppa.
“Los consorcios tienen algo particular: nada importante se decide en soledad. Las obras, los mantenimientos, las inversiones y muchas de las decisiones que impactan en la vida cotidiana requieren acuerdos entre personas que no siempre piensan igual. La inteligencia artificial podrá aportar contexto, análisis y capacidad de procesamiento, pero el desafío que implica decidir seguirá siendo humano. Ninguna tecnología puede definir qué es importante para una comunidad. Los edificios seguirán necesitando criterio, diálogo y un rumbo claro. Quizás ahí aparezca el aporte más valioso de esta nueva etapa: comunidades mejor informadas, capaces de anticiparse a los problemas y tomar mejores decisiones sobre el patrimonio que comparten todos los días”, concluye Laiuppa.
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