
Cristina L. de Bugatti
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En Buenos Aires están empezando a florecer los ibirá pitá, árbol cuyo nombre botánico es Peltophorum dubium; en la jerga popular quiere decir "de madera colorada", pero se dice y se escribe con diferentes fonéticas y ortografías: virapitá, ybirá pitá o cañafístula, en Brasil.
Es nativo de nuestro nordeste subtropical, Brasil, Paraguay y Uruguay, y puede superar los 30 metros de altura con troncos de hasta 2 metros de diámetro. Tiene vigoroso y elegante follaje verde intenso y espléndida floración amarillo-dorada, que forma grandes racimos. De ahí que se suela llamarlo mal jacarandá amarillo.
Es de fácil reproducción: basta con juntar o recoger su fruto, una vaina, y sembrar las semillas. Nace y crece con fuerza, pronto alcanza gran altura y a los pocos años florece. Es un importante forestal nativo, con valiosa madera, que proporciona color rojo, dura, de hermoso veteado y corteza de la que se extrae tanino, excelente para curtir pieles finas. Las hojas, semillas y raíces se usan en medicina.
En Buenos Aires se encuentran grandes ejemplares en Lavalle casi Callao, Lima y Alsina, flanqueando la quinta presidencial de Olivos, sobre Maipú, y en muchos otros lugares. En la plaza 25 de Agosto (Heredia, Giribone, Charlone y 14 de Julio), hay un ejemplar emblemático: prosperó de un retoño procedente del árbol de Artigas, nombre popular que se le da a esta especie en Uruguay, ofrendado a la ciudad por la colectividad oriental. El general Artigas, prócer nacional de Uruguay, se había exiliado en Paraguay, y en ese país el gobierno de López le cedió una villa cercana a Asunción, donde Artigas plantó este árbol y mateaba a su sombra. Es importante que un símbolo de confraternidad argentino-uruguaya -hoy, algo tambaleante- tenga tal belleza y vigor; tanto el árbol como el sentimiento que expresa merecen ser cultivados.





