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Sabemos de las dificultades que produce tener las plantas en las habitaciones. Tanto sobre los muebles como en el piso, las macetas dejan marcas indeseables, a menos que se las aísle, lo cual suele no ser fácil. Conscientes de ese problema, los fabricantes han tratado de subsanarlo y así aparecieron macetas que tiene en su base un plato adosado o colectores de agua. Esos elementos impiden que el agua de riego salga de la maceta, pero pueden ser perjudiciales.
El agua forma parte en gran proporción de los tejidos de la planta y, además, contiene en disolución elementos que sirven para la nutrición vegetal. Es decir, es un elemento imprescindible, pero las raíces también respiran. Si el suelo que las contiene está anegado o con exceso de humedad la respiración se hace dificultosa y hasta imposible.
Las plantas que muestran síntomas de esos problemas suelen volverse amarillentas y débiles, pierden las hojas y mueren si la falta de drenaje es total, o adquieren enfermedades que las deterioran si el drenaje es insuficiente.
El riego debe drenar, es decir, escurrir a través de la tierra y salir por el fondo. Habrá que quitar el agua del recipiente cada vez que sea necesario, o secarlo diariamente.
La mejor solución es poner en el recipiente de drenaje una capa de pedregullo o canto rodado, asentar sobre ella la maceta y no permitir que el agua tape las piedras.
El agua arrastra partículas que se van con el drenaje y el terrón de tierra se consolida, por lo cual el riego termina escurriéndose por los costados sin impregnarlo.
El sustrato debe tener buena proporción de materia orgánica, mezclándole turba, y habrá que removerlo y cubrirlo con mantillo, para mantener la tierra en condiciones.




