
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Es un acto de redundancia jardinera hablar de los conejitos, que, además, en esta época del año exhiben una presencia redundante. Pero son tan queribles y confiables que resultan ideales para lograr jardines floridos con poco trabajo.
El primer paso consiste en ir a un vivero y comprar las plantas en flor de variedades enanas, mediana o altas (las últimas necesitan de tutor enterrado firmemente y atado a la planta con un doble lazo flojo). Hay que ubicarlas en lugares que reciban varias horas de sol y regarlas a diario. Cuando la vara floral cumpla su ciclo se la suprime cortándola en su base, permitiendo que las ramas laterales crezcan y florezcan más vigorosamente, transformando la planta en una mata florida.
El conejito (Antirrhinum majus) es una especie herbácea o subarbustiva, perenne o bienal, pero de corta vida, y se lo cultiva como anual sólo en posiciones luminosas y abrigadas. Reflorece en la siguiente primavera, pero mientras tanto habrá semillado, y cuando en el pequeño fruto adherido al pecíolo se abren dos orificios se los desprende y ubica sobre papel, a la sombra, y las semillas caen (fruto dehiscente) y ahí empieza otra aventura.
Las semillas también se pueden guardar envueltas en aluminio en la parte baja de la heladera o sembrar. Si es primavera u otoño, se siembran preferiblemente en maceta, sobre sustrato con mucha turba y bien regado, cubierto con plástico transparente. En otras épocas del año, igual nacerán pero serán de crecimiento más lento. Los hermosos conejitos que vemos son híbridos, es decir, productos del cruzamiento de diferentes variedades cuyos genes están en las semillas. Los que nazcan también lo serán, pero de hibridación más azarosa, ya que no cuidamos que sus madres fueran de determinadas especies.
Actualmente se ofrecen plantas de vara alta y espléndidas flores grandes que incluyen tonos rosados y amarillos con corolas de pétalos ondulados llamadas "a flor de azalea". Son especies híbrido 1, es decir, descendientes de dos especies puras, modificadas por tratamientos que alteran la división celular. Me han dado semilla y la sembré. El resultado, un misterio...
Sin tantas vueltas me encontré sobre el techo de una viejísima casa, un conejito que nació solo, entre otros yuyos, floreciendo airoso, como planta muraria, es decir que prosperan sobre los muros. Una nueva alternativa.





