
Con su protagonismo en riesgo por el avance de la calle 20, la avenida esteña más tradicional prepara una temporada con sorpresas. A lo largo de sus once cuadras, obras de arte y artesanías llegarán a las vidrieras
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Dicen que la competencia siempre estimula, y parece que así es en el caso de Gorlero: la avenida más tradicional de Punta del Este, preocupada por el avance de la calle 20, en plena expansión, da batalla.
Por lo pronto recibirá al visitante del verano con sus locales abiertos de par en par, incluso aquellos que no se hayan alquilado. "Dado que afectan la imagen de la avenida, las vidrieras vacías deberán decorarse con pinturas y esculturas de artistas plásticos, fotografías o las manualidades de los artesanos", informa Mario Costa Raurich, vicepresidente de la Liga de Fomento y Turismo Punta del Este.
La iniciativa de esa entidad contó con el apoyo de la Intendencia Municipal de Maldonado y un decreto terminó de definirla. "Es el resultado del trabajo conjunto del sector público y privado y, a la vez, una manera de colaborar con artistas y artesanos para que expongan sus obras", agrega Martín Laventure, director de la Secretaría de Turismo local.
Buenas perspectivas
Los operadores inmobiliarios coinciden en que el verano se anuncia muy positivo y que la mayoría de los locales de la avenida ya están alquilados. Sus valores oscilan entre 12.000 y 15.000 dólares; los de venta parten de 50.000 dólares (salvo en las galerías comerciales, entre 18.000 y 20.000).
Las once cuadras de Gorlero son el paraíso de las inmobiliarias, sucursales bancarias, casas de cambio, el Casino Punta del Este y los negocios de remeras con el nombre de la ciudad estampado. Además, ahí están los tradicionales comercios de variedades importadas como El Quijote y Dante; las vidrieras de los relojes Swatch, las de Manos del Uruguay y de La Factoría, con ropa de mujer. Y las postas con comidas rápidas y cosas ricas: la juventud enfila a Il Mondo de la Pizza y McDonalds, pero tampoco se priva de Il Greco, Charlie y La Pasiva, y de los chivitos de El Metejón, que le gustan a todo el mundo. También a Evaristo Salazar, de 86 años, vecino de Punta del Este desde la década del 30 y hermano del fundador del mítico restaurante La Fragata, que añora el bulevar verde que fue Gorlero hasta los años 40. "Lo más atractivo de las calles son las palmeras", afirma.Volviendo a los proyectos en danza, habrá que esperar un año para ver la remodelación de la plaza Artigas, entre las calles 23 y 25, en la que los artesanos exhiben a diario sus creaciones. Se proyecta mejorar su circulación e instalar los puestos en forma perimetral para dejar el centro libre, donde quizá se instale una fuente, un escenario y un espacio gastronómico.
"Hay un retorno de la actividad comercial en la Península, donde Gorlero dejó de ser la primera calle y ahora comparte el estrellato con sus paralelas", dice Alberto Prandi, presidente de la Asociación de Inmobiliarias de Punta del Este (Adipe).
La avenida desde 1918 lleva el nombre de Juan Gorlero, en homenaje al décimo intendente de Maldonado que en su gestión, entre 1909 y 1913, impulsó a la Península como ciudad turística. Todo un visionario.
Por Mariángeles López Salon
La Fragata, con cambios
Hito de la Península, famosa por sus chivitos, La Fragata (Gorlero y la 27) tiene hoy su fachada de madera cruzada con vallas, pero conserva en su capitel el dibujo de un navío.
Se inauguró el 20 de enero de 1937 y fue el primer restaurante nocturno de Punta del Este. "Era el lugar al que todo el mundo iba a bailar y divertirse. Cumplió con su misión, supo descubrir el buen gusto en la Península", recuerda Evaristo Salazar, hermano de Francisco, que además de fundador de La Fragata fue intendente de Maldonado entre 1958 y 1962.
Abría en enero y febrero, y pronto se convirtió en el reducto preferido de figuras internacionales, como el empresario griego Aristóteles Onassis y los hermanos polistas Menditeguy, entre otros habitués.
"En 1941, debutamos con el guitarrista Oscar Alemán –rememora Salazar–. En una ocasión vino el músico Nico Carballo, que tocaba la trompeta y que con el manisero hacía temblar todo Punta del Este." En la década del 50 dejó de trabajar como restaurante nocturno y siguió como confitería. Cerró definitivamente hace más de dos años y, desde entonces, se mantienen los pleitos judiciales. Los pronósticos más optimistas indican que reabriría en los próximos meses.
Frente a la antigua La Fragata funcionó por unos años una pizzería y heladería homónima, y el hotel Sol Meliá. La edificación se remató el 10 de septiembre último en 4.150.000 dólares.
Son 17 plantas, con cocheras, restaurante, teatro, dos salas de cine y varios locales comerciales tipo shopping con escaleras mecánicas, 120 habitaciones con baño privado, seis suites con baño y terraza, piscinas, solárium, bar, área de sauna y baños, según informaron Dante y Gustavo Iocco, rematadores.






