
El hotel Costa Rica es preferido por los jóvenes, que aprecian el clima intimista y la atención personalizada
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Siguiendo una tendencia que cada vez surge con más fuerza en el mundo, Buenos Aires vive, desde hace algún tiempo, una verdadera invasión de los llamados hoteles boutique.
Dirigidos a un público que escapa a la ostentación y a la ampulosidad de las grandes cadenas internacionales, estos pequeños establecimientos conjugan servicio y confort, en un ambiente de exclusividad y atención personalizada, en zonas no tradicionales para el desarrollo de este tipo de emprendimientos.
Uno caso concreto es el hotel Costa Rica. Ubicado al 4100 de esa calle, a dos cuadras y media de la avenida Scalabrini Ortiz, cinco de la avenida Córdoba y ocho de la plaza Cortázar, en pleno Palermo Viejo, se estableció sobre una construcción que data de las primeras décadas del siglo pasado y que tiene poco más de 600 m2 totales distribuidos en dos plantas de doble altura y azotea. Debido a su estructura (una típica casa de estilo chorizo que durante décadas funcionó como hotel familiar), el principal problema con el que se encontraron cuando comenzaron los trabajos de remodelación fue que el lugar contaba con mínimos servicios. "El viejo hotel poseía 35 habitaciones y muy pocos servicios, como baños y cocina compartida -algo común en este tipo de alojamientos-, así como muchas limitaciones de diseño para poder construirlos", comenta el empresario francés Yann Poulhazan, propietario del establecimiento.
Las reformas, entonces, apuntaron a dotarlo de mayor confort.
Así, luego de varios meses de trabajo, de los 35 cuartos originales quedaron 30, ocho de los cuales cuentan con baño privado mientras que los restantes tienen sanitarios compartidos en una proporción de uno cada 2,75 habitaciones. Por supuesto, todas fueron hechos a nuevo y están equipadas con camas king size y decoradas con simplicidad y refinamiento.
En cuanto a la distribución, en la planta baja, de unos 200 m2 cubiertos, se dispuso la recepción, el lobby, bar con desayunador y nueve habitaciones, cuatro de ellas con baño privado, que miran a un amplio patio interno de casi 40 m2 equipado con comodidades para disfrutar del aire libre.
Subiendo por escaleras (no cuenta con ascensor), en el entrepiso se encuentran otros dos cuartos -ambos con sanitarios propios-, mientras que un poco más arriba, en el primer piso (también de 200 m2), se desarrollaron otras 13 habitaciones, dos de las cuales poseen baño privado.
Remata en una amplia azotea, en la cual se repartieron las seis habitaciones restantes, todas con sanitarios compartidos, y donde, además, hay dos terrazas en las que se distribuyeron varios espacios de uso común, como solárium, un estar al aire libre y parrilla.
Otros de los servicios que ofrece el hotel es sala de estar, bar, Internet por Wi-Fi, desayuno por encargo, servicio de mucama y recepción las 24 horas; además, hay tratamientos de belleza personalizados y a medida.
"Costa Rica fue pensado para conjugar en un hotel la calidez del hogar con el encanto y el estilo que posee un barrio tan especial y único como Palermo Viejo, para que nuestros huéspedes puedan disfrutar del ruido de la ciudad, pero con la tranquilidad que ofrece la zona. De ahí que los interesados sean especialmente parejas jóvenes de entre 25 y 45 años, que quieren disfrutar de la calidez, el estilo y la atención personalizada que brindan los lugares pequeños", expresa Silvina Romanutti, encargada de su área comercial.
Si bien está funcionando desde hace algunos meses, el hotel inició el lunes último una segunda etapa de obras.
"En este proceso de cambios pensamos reducir el número de habitaciones e incrementar el de los baños. Asimismo, también comenzamos la instalación del servicio de aire acondicionado frío/calor y estamos trabajando en otros detalles de confort, como calefaccionar el patio interno para que se pueda disfrutar también durante el invierno. En síntesis, queremos mejorar los servicios para que nuestros huéspedes se sientan realmente como en su casa",concluye Poulhazan.




