
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Me regalaron un ramo de narcisos, de variedad, para mí, desconocida: tienen tallos largos y flor grande amarillo muy pálido con amplia trompeta acampanada que termina en flecos. También he visto, en un jardín, un cantero muy florecido de los comunes narcisos trompeta color amarillo brillante. La leyenda cuenta que un bello joven llamado Narciso vio reflejarse su imagen en el agua y se enamoró de ella, originando el atributo del narcisismo. En mi jardín están floreciendo junquillos, de flor totalmente blanca, muy perfumados. Si mezclo los comentarios sobre ambas especies es porque encuentro la misma mezcla en las descripciones de los libros.
Narcisos y junquillos pertenecen a la especie de las amarilidáceas, son originarios de ambas costas del Mediterráneo; tienen bulbo, tallo subterráneo -ovoide, de 3 o 3,5 cm de diámetro formado por catáfilas-, hojas transformadas reconocibles en la cebolla de largas raíces de hasta 3 cm de largo, hojas lineares algo carnosas, y tallos florales huecos, que pueden culminar en una flor solitaria o en un racimo. En el centro inferior del bulbo, y protegido por las catáfilas, se forma el primodio, un futuro brote que origina la flor. En el país se cultivan narcisos desde el sur patagónico hasta Córdoba. En nuestro clima local, la floración se ve favorecida en inviernos fríos, y por su ubicación, en lugares frescos con media sombra. Quieren suelo suelto y se debe enterrar el bulbo a una profundidad de 12 a 15 cm sin moverlos por lo menos por tres años, para reproducirlos en enero. Cuando todo el follaje se ha secado, se levanta y separa la mata; no conviene cortar el follaje o trenzarlo, hasta que no esté bien seca. Para disimular esa fea presencia se pueden rodear con anuales de floración rápida, esparciendo semillas de zinnias o tagetes.
Los junquillos, Narcissus tazeta, presentes en viejas quintas, pueden quedar en el suelo, y si no se pisotea o degrada mucho el lugar siguen floreciendo. También pueden ser levantados, separados y ubicados en el jardín, incluso la mata entera, aunque puede subdividirse. Con algunos sencillos cuidados, como riego y buena tierra, las matas se llenan de flores y el follaje luce verde y lozano.





