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Este año, la tradicional Fiesta Nacional de la Flor, que se inaugurará en Escobar el sábado 26 del actual y se prolongará hasta el 12 de octubre, adoptó como especies emblemáticas las de dos géneros bastante alejados entre sí: los claveles y las plantas carnívoras.
El clavel -Dianthus cariophyllus- es originario de la región mediterránea, con gran presencia en España donde es la flor nacional. Es natural que estas colonias hayan heredado la predilección por ella y sea una de las preferidas y más populares también entre nosotros, tema de poemas y canciones.
Se caracteriza por lo fácil de su cultivo, sobre todo en macetas. Su sencilla reproducción por medio de esquejes -el gajito- y, sobre todo, la belleza de sus flores perfumadas, que ofrece generosamente, han contribuido a su popularidad.
Su extensión a lugares con suelos inadecuados o aguas de riego acidificadas, con alto contenido en minerales, produjeron graves problemas que se trataron seleccionando rigurosamente las plantas productoras de esquejes.
Según datos de los organizadores de la Fiesta Nacional de la Flor, los primeros claveles adaptados a la producción de flor cortada se cultivaron en Lyon, en 1845, pero a partir de 1942, el americano William Sin obtuvo, por hibridación y selección, los claveles que llevan su nombre, dando origen al espectacular desarrollo de su producción.
Es posible que además del clavel, en la Fiesta de la Flor se puedan encontrar otros dianthus, como D. barbatus o macetilla, y el D. plumarius o clavelina, plantitas perennes, rastreras, rústicas, de las que existen numerosas especies para redescubrir.
En cuanto a las plantas carnívoras crecen en todo el mundo, en diferentes hábitats, y su cultivo se ha convertido, sobre todo, en tema de coleccionistas.
Algunas son de talla muy pequeña, como sucede con las droseras y utricularias, y otras, por el contrario, pueden alcanzar una considerable altura, como el nepentes, originario de las islas de los mares del Sur, una trepadora que puede medir varios metros y cuyas hojas, en su extremo, forman como un ánfora perfecta, hasta con su tapa, donde caen los insectos y los deglute.




