
Por Cristina L. de Bugatti
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En el jardín cultivamos plantas anuales, que florecen explosivamente una temporada, y plantas perennes, que debemos cuidar aun en sus períodos de reposo. Pero para complicarnos aún más la vida están las plantas bianuales que, como su nombre lo indica, duran dos temporadas. En su primer año se forma la planta y en el segundo, florecen, fructifican, o semillan y se secan.
Entre las bianuales se encuentran bonitas flores que interesa cultivar. Sembrarlas en estos meses, diciembre y enero, ofrece la ventaja de ganar un año.
El almácigo, en la tierra o en maceta, debe situarse en sombra luminosa, esparcir las semillas, ralas, en el sustrato muy húmedo, cubrir apenas y regar con lluvia muy fina. En esta época, las plántulas crecen rápido y con 6 hojitas se las puede trasplantar. Cuando han adquirido cierto desarrollo, 10 o 15 centímetros, pueden ser trasplantadas a su lugar definitivo.
El resto del otoño y el invierno formarán el follaje y al llegar la primavera harán las varas para florecer en octubre y noviembre.
Con los alelíes, aunque se adquiera semilla garantizada, saldrán plantas que dan flores dobles y otras, flores simples, que también son bonitas y que a su vez darán semillas. Los conejitos emiten la gran vara central y cuando decae, se la corta y así se estimula la floración de brotes laterales. Las altheas necesitan espacio y un tutor para sostener la vara.
De la lunaria se cosechan las varas semilladas para ramos secos, de manera que necesita más tiempo para llegar a esa madurez.
La campánula médium es difícil de reproducir; de las otras se puede guardar semilla para futuras siembras.





