
Por Cristina L. de BugattiPara LA NACION
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Unos amigos de Los Cardales tienen en su jardín una plantita que llaman la planta de don Pablo. Don Pablo era mi padre, que se las había dado, pero como esa planta había llegado a casa desde el jardín de una amiga la llamábamos la flor de Teresa Bianchi. También estaba entre nuestras plantas el malvón de Cecilia y el de tía María, y además la rosa de tía Ana.
Naturalmente, que estos nombres familiares o locales no sirven para diferenciar, ya que el mismo nombre se le pudo ocurrir a alguien de otro lugar. La solución la dio el gran botánico Linneo, que publicó, hacia 1750, su libro Species plantarum, en el que empleaba dos términos en latín, lengua universal, para designar cada planta. En primer término, siempre se escribe con mayúscula, se nombra el género; el segundo es más específico; por ejemplo, la violeta es Viola odorata.
Pero la botánica también suele recurrir a nombres famosos o queridos. La cala lleva el nombre de Zantedeschia en homenaje a Zantedeschi, médico y botánico italiano; la cinacina de cercos suburbanos es la Parkinsonia en recuerdo de John Parkinson; el banano se llama Musa por el médico romano Antonio Musa; la Robinia o acacia blanca, de densos y perfumados racimos, alude a Jean Robin.
Volviendo a la planta de don Pablo, se llama del Geum chiloense y es una pequeña planta herbácea perenne de la familia de las rosáceas y del género Fragaria como las fresas y frutillas. Es originaria del sur de Chile; alcanza 60 cm de altura; posee rizomas, tallos subterráneos que en la punta producen un brote aéreo que avanza sobre su entorno y forma nuevas plantas. Esas plantas adventicias son las que se separan y sirven para la reproducción. Las hojas son arrosetadas, lobuladas; las inferiores con los lóbulos más grandes y las superiores más pequeños, pero en verde vivo, lo que destaca la presencia de las flores. Estas, anaranjadas simples o semidobles de hasta 2 cm de diámetro, forman grupos ralos en la punta de los tallos. Florece casi todo el año y es longeva. Otros Geum, antiguo nombre griego, se dispersan por las regiones templadas de ambos hemisferios.






