
Son muy atractivas y dan poco trabajo
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Las petunias están un poco demoradas este año. Tal vez atrasan su presencia para asegurarse protagonismo. Pero sabemos que, como todos los años, serán esas flores rústicas y amigas del sol, que visten nuestros veranos.
Es bueno recordar que pertenecen a la familia de las solanáceas -como las papas-, que es originaria de regiones de la Argentina, Brasil y Uruguay, y que quienes vieron su futuro y las mejoraron han hecho uno de los mayores negocios de la jardinería, ya que se las cultiva en todos los jardines de clima templado. También es cierto que, ya en 1894, el cultivador francés Jacques de Vilmorin en su obra Les fleus de plein terre, hablaba de ellas, y que el proceso de mejoramiento para obtener nuevas y más atractivas variedades no se ha detenido. En eso está empeñado el Instituto Nacional de Floricultura de INTA Castelar, pero es bueno echar una mirada hacia fuera, para comprobar sus logros.
Hace unos pocos años, los japoneses impusieron la petunia Surfinia, de generosa floración, perfumada, de largos tallos que caen en cascada, y gran resistencia, aunque no debe faltarle riego. También se le preparaba un sustrato especial. A partir de la Surfinia, se procuró conservar sus condiciones positivas, para hacerla más resistente.
Una nueva variedad es la Senator, pero sólo reproducible por gajos y no por semillas, lo que origina costos muy elevados. Todas estas nuevas variedades están patentadas; quienes las obtuvieron y su reproducción están protegidos.
Pero están reapareciendo algunas que se habían eclipsado: las de flor doble, consideradas favoritas en jardines domésticos. Parece que los belgas quieren obtener petunias amarillas, ya que ese color falta en su paleta.
Fuera de todas estas historias, tenerla en nuestro jardín asegura canteros vistosos con poco cuidado. Si bien lo usual es comprar los plantines en macetas y trasplantarlos, también se pueden sembrar las semillas, es decir, cultivarlas desde el almácigo. Como son muy pequeñas, hay que manipularlas con cuidado. Se deben sembrar en una terrina en sustrato muy fino, húmedo, cubrirlas apenas, proteger el almácigo con vidrio o plástico y ubicarlo a la sombra luminosa .
Cuando se compran los plantines, se invierte la maceta y se plantan con todo el terrón; es imprescindible regar.
Si las plantas se vuelven muy despatarradas, es posible podarles las ramas más largas. Pero se sabe que dan poco trabajo; tal vez ese sea su mayor mérito.
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