
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Aunque la etimología de su nombre, que es un diminutivo de primus , o sea, primero, indicaría que son un avance de la primavera, eso no es verdad: muchas otras flores abren antes o al mismo tiempo que ellas. Tampoco son raras o poco comunes; al contrario, se las ve por todos lados. Pero su buena disposición para adaptarse a diferentes situaciones, la belleza que otorgan al lugar donde se las planta y su persistencia en el tiempo hacen que merezcan ser destacadas.
Las que guardamos en la memoria son las llamadas primaveras de jardín , que eran plantas arrosetadas, de hasta 25 cm de altura, de hojas ovaladas, ásperas, sin tallo y que en primavera daban bonitas y abundantes flores solitarias de color rosa o lila, o rojas con centro amarillo en umbela en el extremo del tallo. Eran perennes y la tarea era dividir la mata cada otoño para fortalecerlas y reproducirlas.
Con el tiempo mejoraron y, por selección o por hibridación, especialmente entre las variedades elatior y polyanta aparecieron plantas con flores dobles y de impactantes colores, siempre un poco más tardías que el resto de las prímulas y más sensibles a los calores de verano: en nuestro clima ya no son perennes, las aniquilan los fuertes calores. Pero si no se las deja sufrir al sol y se quitan las flores que se marchitan, lucirán formando matas densas y florecidas hasta el verano.
Otras especies que se ven menos son las prímulas malacoides, llamadas también candelabros porque emiten largos tallos florales, de hasta 40 cm con las flores agrupadas en umbelas superpuestas. Se reproducen por semillas que se suelen re-sembrar, y que germinan y florecen al año siguiente. Tienen coloraciones variadas, desde el blanco al lila, rosa o rojo.
Actualmente, y desde hace largas semanas, están en flor las prímulas obcónicas, de floración casi invernal, pero que se prolongan durante mucho tiempo. Son anuales y se reproducen por semilla. Todas estas especies son rústicas y prosperan en gran parte del país, son de origen asiático la mayoría, pero algunas son oriundas de Europa, y hasta las hay chilenas y argentinas. Tal es el caso de la prímula farinosa en su variedad magallánica , una perenne de flor color lila que crece en terrenos húmedos y turbosos de los Andes del Sur.
En los jardines y en las macetas quiere tierra suelta y rica, a la que se puede agregar pinocha (resaca de pino) o turba, y riego moderado. Lucen en grupos debajo de árboles y arbustos de follaje ligero.





