
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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En un viejo tango se reproducía un pregón de los que, supuestamente, se oían en las calles porteñas: " Resaca y tierra negra pa plantas , patrona. ¿Quiere comprar? " Esta escena no podría repetirse en la actualidad; en la provincia de Buenos Aires está prohibida la extracción de tierra hasta 250 km de la Capital y la medida se repite en distintos lugares del país. Si bien es posible que esta prohibición tenga excepciones y que poner tierra en una maceta no comprometa el equilibrio ecológico, lo cierto es que la tierra común de jardín es cada vez más escasa y más cara.
Por otra parte, ya la experiencia jardinera había demostrado que en las macetas esa tierra común, a consecuencia del riego, se encharca o compacta de tal manera que el terrón se convierte en un cascote que ni siquiera absorbe el agua. En esas condiciones, la raíz no puede respirar ni extraer nutrientes, que deben estar disueltos en agua, y la planta se desarrolla mal y puede morir. Esta conjunción de circunstancias determinó el protagonismo de elementos resultantes de continuas investigaciones: los sustratos. Estos son elementos, o mezcla de elementos, usados en sustitución del suelo, que permiten el anclaje de las raíces, actúan como soportes, y son capaces de almacenar aire, agua y nutrientes, y tenerlos a disposición de las raíces. Se usan sobre todo para el cultivo de plantas en contenedores, que suelen ser de tamaño muy limitado (macetas chicas), de manera que los resultados deben ser óptimos. Esos elementos pueden ser inertes, de origen mineral, como arenas; gravas, arcilla expandida; perlita (silicato de aluminio); vermiculita ( silicato de aluminio-hierro-manganeso), que se extraen de las minas; son muy estables y tienen buena retención de agua.
Los de origen orgánico pueden ser químicamente activos, por eso exigen mucha experimentación. El principal de estos últimos, el más usado en el mundo, es la turba, por su comprobado poder de absorción. En nuestros país hay turberas, sobre todo en la Patagonia, pero la producción no es renovable y, en consecuencia, muy cara. También se usa resaca de río ,y se ensaya con rezagos de procesos agroindustriales: cáscaras de arroz y de semillas de girasol, orujo de uva, rezago de caña de azúcar, fibra de coco (Brasil). En el Instituto de Floricultura de Castelar constantemente se ensayan nuevos productos que para su aplicación práctica deben ser abundantes, baratos, renovables, y estar disponibles durante todo el año. Se forman montones, por ejemplo, de hojarasca, cortezas, cáscaras, en lugares protegidos, de manera que tengan temperatura estable y algo de humedad, y por separado, para evaluar cada elemento. Se produce así una fermentación que eleva la temperatura; se destruyen microorganismos nocivos; se producen ácidos húmicos, y se transforma la materia orgánica en compuestos estables: es el compostaje y el producto final se llama compost. A estos elementos se agregan los de origen mineral y se experimentan los resultados, tanto en los evidentes como en los más sutiles, tanto en la siembra como en la reproducción por esquejes. Es una tarea de especialistas, que se realiza en los laboratorios y en los cultivos. En los viveros se ofrecen estos sustratos, en muchos casos especificados según el tipo de planta en la que se desea aplicar.





