
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Es creencia general -y acertada- que el cigarrillo es uno de los elementos más perjudiciales para la humanidad. Sin embargo hubo una época en que su consumo no sólo fue aceptado, sino promovido por las mismas razones por las que hoy no se lo sanciona: genera jugosos ingresos al Estado. El investigador Juan Carlos Arias Divito titula uno de sus libros Dirección General de Tabacos y Naipes del Virreinato del Río de la Plata, con estudios de las rentas generadas por el tabaco. Y a él nos referiremos.
El tabaco es una herbácea americana que puede ser anual o bienal, y llega a pasar el metro. Las hojas son grandes y puntiagudas, y se insertan en los tallos. Las flores, agrupadas en panículas, nacen en las axilas de los tallos. La composición química de la planta es muy compleja, pero se destaca la presencia, en sus hojas, de un alcaloide, la nicotina, en proporciones desiguales según la especie de tabaco. Aunque cuando se enciende un cigarro o cigarrillo se inicia en él un proceso de destilación seca que complica aún más la variedad de productos contenidos en el tabaco, y la nicotina, que es más volátil, pasa al humo en mayor cantidad.
Su nombre es Nicotiana tabacum, en alusión al diplomático francés Jean Nicot que, hacia 1560, ofreció semillas y plantas a Catalina de Médici. Sin embargo, el tabaco ya había sido mencionado por uno de los primeros cronistas del Nuevo Mundo, llamando su atención acerca de la manera de consumirlo; es decir, cuando llegó Colón, en América ya se fumaba.
Cuando el gobierno colonial necesitó reforzar ingresos se decidió gravar el consumo del tabaco, ya que no pesaría sobre un producto de primera necesidad, sino uno de consumo voluntario. Podríamos suponer, además, que entonces se desconocían las peligrosas consecuencias de su uso. Se organizó así un complejo sistema que imponía el rígido monopolio del Estado sobre toda actividad relacionada con la materia, y a partir de ahí reglamentaba cada uno de los pasos de la producción, industrialización y venta del tabaco y sus derivados. La pregunta que surge es: para el Estado, para la gente, ¿es bueno o malo que se cultive tabaco?






