
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Quienes tienen un jardín soleado no deberían dejar de plantar dalias, que presentan múltiples opciones en cuanto al tamaño de la planta y la flor, amplio colorido, fácil cultivo, reproducción, y hasta gran lucimiento en los floreros.
Se plantan desde el final del invierno para tener flores en diciembre, y cuando hay peligro de heladas, se las protege. Los tubérculos deben estar unidos a un trozo de tallo y en esa unión se forma el brote original, ya que los tubérculos solos no brotan. La continua reproducción por separación de los bulbos produce un envejecimiento del ejemplar, que termina dando mucho follaje y pocas flores. Las plantas nuevas y vigorosas se obtienen por gajos, y se logran dejando crecer unos centímetros los brotes, cortándolos al ras, cubriendo el corte con hormona de enraizar y plantándolos en maceta, con riego, en lugar abrigado, para ubicarlos luego en el jardín.
Las dalias enanas, simples, pueden reproducirse por semilla y se hibridan naturalmente, lográndose gran variedad de colores y tonos. Prosperan en suelo común de jardín, aunque lo favorece una mezcla con compost y algo de arena o grava, que facilita el drenaje; se hacen hoyos de hasta 20 centímetros de profundidad, se remueve el fondo y se agrega compost de manera que el bulbo quede a 10 o 12 centímetros por debajo del nivel del suelo, y se ubica con el brote hacia arriba.
Si son variedades altas, que necesiten tutor, se clava una varilla o caña fuerte a la que se ata la planta a medida que crece y se rellena el hoyo con tierra mezclada con harina de hueso. Conviene que los bordes queden más bajos que el centro y también cubrir el lugar con matillo de hojarasca, chips de madera, y regar copiosamente para afirmar el suelo (luego el riego debe espaciarse y nunca mojar el follaje). En mayo o con los primeros fríos fuertes, con el follaje seco, se arrancan las plantas, se limpian los bulbos y se guardan en lugar fresco, seco y oscuro.
Las dalias son originarias de México; su nombre alude al botánico sueco A. Dahl y fue llevada a Europa para usar sus bulbos como comestibles. De las cuatro especies originales, se lograron más de 4000 en gran variedad de formas y colores, menos el azul, y la altura varía entre los 30 centímetros de las dalias enanas, de flor simple, y los cuatro metros o más de las especies arbóreas. Estas se dan bien en nuestro clima, tienen bonitas flores simples color rosa liláceo, y también se reproducen por bulbos o gajos.




