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Este budín me lo trajo María una noche que vinieron a comer a casa con mi primo Omar su marido, sus dos hijos, su nuera y Cata, la pequeña nieta. María siempre cocinó bien. Recuerdo perfectamente la primera vez que fui a comer a su casa, a poco de casarse con mi primo, como una ocasión donde se comió muy pero muy bien. Esas cosas siempre las recuerdo con mucha nitidez, del mismo que no se me borra de la cabeza una casa donde comí mal. ¡Qué vamos a hacer! Tengo esas cosas.
Bueno, la cuestión es que trajo dos budincitos enmoldados en budineras de papel metálico, con un glacé y unas cerezas encima. Hablamos tanto cada vez que nos encontramos que nos olvidamos de comerlos y los probé recien al día siguiente. ¡¡¡Qué manjar!!! La llamé urgente por teléfono para disculparme por el olvido pero principalmente... ¡¡¡para pedirle la receta!!! Me la pasó por e-mail bajo el nombre de budín galés, que intuyo saca su nombre de las frutas que lleva y que tiene algo del pudding que se come en Inglaterra para la Navidad. A decir verdad es un plato tan delicioso y noble que se puede comer a la hora del te y también se lo puede servir sobre un plato de postre con crema batida o helado de americana o, por qué no, (yo lo he probado y queda muy bien) menta. Acá va:

