
El príncipe llevó a los mellizos Jacques y Gabriella a Córcega y pasaron una tarde inolvidable sin mamá Charlene. Risas, chapuzones y un castillo de arena
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El verano llega a su fin y los príncipes Jacques y Gabriella (9) empiezan las clases, por eso su papá, el príncipe Alberto de Mónaco (66), decidió compartir con ellos un último día de vacaciones en la playa y se divirtió a la par de los mellizos, que son incansables.

Navegaron en su catamarán GabJac (bautizado así por la unión de las primeras tres letras de los nombres de los chicos) y luego alcanzaron en una lancha la costa de Córcega –la isla francesa ubicada en la unión de los mares Mediterráneo, Tirreno y de Liguria– cargados con bolsos repletos de snacks, toallones, una pelota, baldes, palitas, un frisbee y todo lo necesario para pasar la tarde en la arena.


Sin importarle que lo fotografiaran mientras se caía entre las olas o corría por la orilla en su traje de neoprene, Alberto no se separó de sus hijos (mamá Charlene no fue de la partida esa tarde) y aceptó todos los desafíos que le pusieron: desde un partido de vóley en el agua hasta convertir a Gabriella, la condesa de Carladès, en una sirena con cola de arena. Los mellizos, además, armaron un castillo del que Jacques, marqués de Baux, fue el arquitecto y al que lentamente barrió el mar cuando ellos, cansados y sonrientes, al atardecer emprendieron el regreso al catamarán.



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