El productor musical (y primer marido de Andrea Frigerio) y la actriz de “En el barro” posan juntos y aseguran: “En esta etapa de nuestras vidas, la elección es más verdadera”
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Se conocieron hace diecisiete años. Desde ese instante nunca más se separaron. Erika De Sautu Riestra (“Varias veces me pidieron que me cambiara el apellido porque es muy raro, pero es el de mi padre, vasco-francés, y me encanta”) tiene 59 años, es actriz y mamá de Gaspar (27) y Valentín (24). Eduardo Frigerio (68) es productor musical, dueño de la productora Néctar (creador de muchos éxitos musicales, trabajó para la tira Soy Luna, el reality Operación triunfo y Disney). Además, es papá de Tomás (de 43 años, fruto de su primer matrimonio con Andrea Frigerio) y Marco (21, de su segunda pareja, Mariana Álvarez), y abuelo de Jacinta, Olivia y Ramón por parte de Tomy. “Los dos tenemos dos hijos de dos parejas distintas. Los dos nos casamos sólo una vez… Y hace un año decidimos casarnos por Civil. Fuimos un día con unos amigos que salieron de testigos y sin avisarle a nadie”, cuenta Erika.
–Erika, entonces ahora vos también sos Frigerio…
–¡No! Yo sigo con mi apellido, que me encanta. [Se ríe].

Erika trabaja desde hace treinta años como actriz y participó en producciones como Sin códigos y Un gallo para Esculapio. En este último proyecto fue donde conoció a Sebastián Ortega, que la convocó para participar en la serie En el barro (Netflix). Su personaje de la doctora Olga Giulliani (inspirada un poco en el caso de Giselle Rímolo) generó tanta simpatía en el público y ganó tantos fans que se convirtió en un éxito. Mientras se prepara para la tercera temporada (que comienza a filmar en junio), ensaya la obra La piedra de energía infinita para Microteatro (se estrena el 7 de abril).
–Eduardo, ¿cómo viviste esta explosión mediática y en redes sociales de Erika?
–¡Se lo merece porque es una genia! Siempre laburó y muy bien, pero surgió esta posibilidad y ella lo dio todo. Es increíble la cantidad de gente y países que vieron la serie. Hace unos meses viajamos a España y había fans de ella. Todos la saludaban y ella siempre tiene muy buena onda con todos. Me gusta sobre todo que sus pares la vean como realmente es.
–¿Sentías que había prejuicio con vos, Erika?
–No, pero hay mucha gente que creía que yo era influencer por los videos que hacía en TikTok durante la pandemia. Yo con Sebastián Ortega ya había trabajado en Un gallo para Esculapio, pero este personaje explotó. Bueno, en realidad la serie explotó.


LA CONVIVENCIA
–¿Después de tantos años viviendo en casas separadas, no les dio miedo dar este gran paso?
Erika: Yo vivía en Ezeiza y Edu, en Belgrano. Todos los viernes agarraba el bolso y me iba a su casa. Por la condición de mi hijo Gaspar (a los meses de nacer fue diagnosticado con lisencefalia, una malformación congénita también llamada cerebro liso), yo tengo una logística muy complicada. Muchos me decían para qué van a convivir, si están bárbaro así. Pero la pareja necesitaba un cambio. Para mí lo más piola que tuvimos es que no nos apuramos, que sabíamos que había etapas que teníamos que resolver cada uno por su lado. Por más que estábamos juntos, teníamos que solucionar temas familiares para poder dar este paso. Ahora somos una gran familia. Mi hijo Valentín tiene 24 y el hijo de Edu, Marco, tiene 21 años. Son muy amigos, viajan, salen… La Navidad pasada la pasamos todos juntos con los hijos y nietos de Edu, Andrea (Frigerio), mis hijos…





–Además, por la condición de Gaspar, que necesita cuidado las 24 horas, lo deben haber hablado mucho porque vos estás acostumbrada, pero Eduardo no.
Eduardo: Para mí Erika es un combo, siempre lo fue. Nunca fue un tema para mí la enfermedad de Gaspar. Obvio que cuando nos mudamos juntos buscamos una casa amplia, cómoda, donde cada uno tiene su estudio para trabajar y que no interfiera en la rutina de Gaspar ni la de él en la nuestra. Gaspar tiene un cuarto en suite acá en la planta baja con entrada independiente para las enfermeras.
Erika: La tercera o cuarta vez que nos vimos, me pasó a saludar y yo estaba en la escuela a la que iba mi hijo. Vio lo que era su mundo: chicos con traqueotomía, con sondas gástricas, todo muy fuerte. Pero como yo lo vivo de una manera natural, creo que para él fue más fácil.
Eduardo: Erika es una mujer de una fortaleza increíble.
–Por la rutina de ambos, pasan mucho tiempo en casa. No debe ser fácil...
Eduardo: Desde que nos mudamos a Tigre trabajo mucho desde casa, tengo reuniones virtuales… Pero somos muy respetuosos del espacio del otro.
Erika: Muchas veces él está laburando con la puerta cerrada, le llevo la comida y yo como en el living mirando tele. Nos gusta estar juntos, pero no pegoteados. A veces al gimnasio vamos juntos.
–¿Se cuidan mucho físicamente?
Erika: Yo me cuido de toda la vida, pero sobre todo en la comida. No como harinas ni tomo alcohol. Y obvio, gimnasio.
Eduardo: Yo voy tres veces por semana al gimnasio, pero además hago pelota vasca. Ella parece mucho más joven y por eso me dicen que soy un sugar daddy. [Se ríe].
Eduardo tenía 50 años cuando conoció a Erika en el cumpleaños de un amigo en común, Diego Topa. “Había ido con Daisy May Queen, con quien había trabajado en Operación triunfo. Erika me llamó la atención, obvio, pero no habíamos hablado nada”, cuenta el productor musical. Días después una foto en Facebook del cumpleaños donde ambos estaban etiquetados sirvió para dar el primer paso y empezar a hablar. “Nos dimos cuenta de que habíamos trabajado juntos en algunas series, pero no nos habíamos cruzado. Un día la invité a comer y acá estamos… Tuvimos una conexión única a nivel compromiso. Sólo quiero que sea feliz, quiero que esté bien, porque es una mujer increíble”, nos confiesa Eduardo
–Erika, ¿cómo vivís este amor después de dos parejas y dos hijos?
–Siento que en esta etapa de la vida la elección es mucho más verdadera. Cuando sos joven hay otras cosas que te predisponen, a veces porque estás enamorada, pero también por llenar vacíos, por mandatos sociales… Cuando te elegís de grande ya tenés claro lo que no querés. Me parece más verdadero todo porque las pautas están claras.
–Nada de histerias tan típica de esta época a la hora de relacionarse.
Erika: Nosotros nos vimos para una salida y empezamos a encontrarnos… Nunca nos imaginamos que iba a funcionar. Ni nos cuestionamos mucho. Fue alucinante desde el primer día hasta hoy. Valoro muchísimo que seamos absolutamente sinceros con el otro. No nos careteamos nada, conocemos el lado oscuro y el luminoso del otro y amamos todo. Él a veces me muestra una de las canciones que hace y si a mí no me gusta, le digo: “Es fea”. Claro que capaz después son éxitos [se ríe], pero yo tengo que ser sincera.
Eduardo: Es que ella es muy rollinga y yo soy más de estilo Beatles. Ahí surge el problema porque a ella ese estilo no le gusta…
Erika: Él quiere que sea sincera. A mí la cosa muy romántica, muy melosa, no me gusta.

–¿Es verdad que tienen pareja abierta?
Erika: Voy aclarar porque distorsionaron lo que dije. Nosotros tenemos el permiso de poder hablar si nos gusta otra persona. Estamos grandes y sabemos que el ojo es soltero (lo dice mientras mira cómplice con una sonrisa a su marido). Hasta la neurociencia lo explica.
Eduardo: Ah, bueno, hay aval de la neurociencia… [Se ríe].
Erika: Sí, en serio. El deseo tiene que ver con la química, con las células, después vienen todos los filtros que uno se pone. Es algo instintivo, aunque estés cincuenta años con una persona, va a haber otras personas que te van a parecer atractivas. Y eso no está mal. Vos decidís qué hacés con eso. Y está bueno poder hablarlo sin que empiecen los celos tóxicos. Poder hablarlo, saber que el amor va por un carril y el deseo, por otro.
Eduardo: Nos conocimos de grandes y estamos grandes. Ya llegamos a cuarto de final dos veces, una vez a la semifinal y hasta una vez jugamos una final…. Perdiste, ganaste y a esta altura de la vida decís: “Vamos a elegir jugar este partido sin lesiones”. Es más, ya no hay que ganar, sólo disfrutar.
Maquillaje y peinado: @joaquinamakeupartist

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