
Debió luchar para demostrar su talento y ya no está interesada en rendirle cuentas a nadie
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Durante los años 90 fue una de las mujeres más deseadas del planeta, pero detrás de aquella mirada felina, el cabello rubio y la imagen de femme fatale había una mujer que llevaba años sobreviviendo al machismo de Hollywood. Su vida tuvo momentos muy traumáticos –el abuso sexual que sufrió de chica y el derrame cerebral que casi le cuesta la vida en 2001–, y también éxitos enormes y fracasos capaces de hacer tambalear una carrera. Y, sobre todo, tuvo algo que parece haberla definido siempre: la capacidad de volver a empezar. Sharon Vonne Stone nació el 10 de marzo de 1958 en Meadville, Pensilvania, y creció en una familia de clase trabajadora. Inteligente y ambiciosa, estudió Escritura Creativa y Bellas Artes gracias a una beca universitaria. En su libro La belleza de vivir dos veces (que publicó en 2021) contó cómo su abuelo abusaba de ella y de su hermana cuando eran chicas y el alivio que sintió cuando él murió. También confesó cómo a los 17 años cruzó las fronteras estatales para realizarse un aborto secreto, y años más tarde sufrió tres abortos espontáneos. Decidió abandonar temporalmente sus estudios para probar suerte como modelo. La agencia Ford la llevó a Nueva York y, poco después, a Europa. Sin embargo, ella tenía claro que su destino estaba delante de una cámara, pero interpretando personajes. Durante años le ofrecieron papeles de rubia sensual, peligrosa o misteriosa. El reconocimiento iba a tardar en llegar.



EL MACHISMO DE HOLLYWOOD
En 1992, Paul Verhoeven la eligió para interpretar a Catherine Tramell en Bajos instintos. La película se convirtió en un fenómeno mundial y aquella escritora sofisticada, provocadora y absolutamente imprevisible cambió para siempre la vida de Sharon. La famosa escena del interrogatorio, en la que cruza y descruza las piernas frente a Michael Douglas, pasó a formar parte de la historia del cine. Años después la actriz contó que el director la engañó al hacer la escena. “No se va a ver nada, sólo necesitamos que te quites la ropa interior porque el blanco refleja la luz y se nota que la tienes puesta”, le dijo. Todo aquel que vio el famoso film sabe lo que significó esa escena y Stone dejó de ser una actriz relativamente desconocida para convertirse, de la noche a la mañana, en un ícono sexual internacional. Pero el éxito también tuvo un precio. Durante años, una parte de Hollywood pareció interesarse más por sus piernas que por su talento. Hubo quienes llegaron a sostener que su fama dependía exclusivamente de su sensualidad. En su libro contó cómo un productor le sugirió que debía acostarse con un compañero de reparto para “tener más química”. “¿Qué te creés, que porque me acueste con él va a ser mejor actor? Nadie es tan bueno en la cama. Mejor deberían contratar a un compañero con más talento, que pudiera llevar una escena y acordarse de su texto. También pensé que podían irse a la m… y dejarme en paz”. En 1995, Sharon interpretó a Ginger McKenna en Casino, junto a Robert De Niro y Joe Pesci. Allí dejó de ser simplemente la mujer hermosa que había escandalizado al público y demostró que podía sostener un personaje complejo, feroz, vulnerable y trágico. Su interpretación recibió una nominación al Oscar y le dio el Golden Globe a Mejor Actriz.


ENAMORADIZA
A comienzos de los 80, Sharon se enamoró del productor televisivo Michael Greenburg. Se casaron en 1984, pero cinco años después se divorciaron. Más tarde vivió un intenso romance con William J. MacDonald, productor de la película Sliver. La relación fue breve y terminó en 1994. Después llegó Bob Wagner, asistente de dirección de Rápida y mortal. Se comprometieron, pero nunca llegaron al altar. En 1998 volvió a casarse, esta vez con Phil Bronstein, periodista y editor del San Francisco Chronicle. La pareja adoptó a un bebé, Roan, y durante un tiempo Sharon pareció haber encontrado una nueva prioridad lejos de las luces: formar una familia. Pero en 2001, cuando tenía 43 años, su vida cambió de manera brutal: sufrió una hemorragia cerebral y un derrame que puso en riesgo su vida. Una larga operación de siete horas y también una larga y devastadora recuperación. Tuvo problemas para caminar, hablar, leer y ver con normalidad. Ella misma contó que necesitó meses para volver a sentir una de sus piernas y mucho tiempo para recuperar completamente la visión. Mientras intentaba reconstruirse, se desmoronaba su vida familiar. Su matrimonio con Bronstein terminó en divorcio en 2004 y hubo una disputa por la custodia de Roan. Para Sharon fue un golpe particularmente doloroso. Sin embargo, la maternidad siguió siendo uno de los grandes ejes de su vida. Más tarde adoptó a otros dos hijos, Laird y Quinn, y terminó formando su familia junto a tres varones. Con los años, la propia Stone confesó en una entrevista estar agradecida de haber elegido la maternidad desde “un punto de vista saludable” en su vida y de no haber priorizado a Hollywood “porque sin duda, la industria no me priorizó a mí”. Su carrera tampoco volvió a ser la misma después del derrame. Durante años tuvo dificultades para conseguir papeles importantes. La televisión le permitió recuperar prestigio y en 2004 ganó un Emmy por su participación en The Practice. Después de sus matrimonios tuvo distintos romances y fue vinculada con hombres más jóvenes. Entre ellos, el modelo argentino Martín Mica (ella le llevaba veintisiete años), con quien mantuvo una relación en 2012 y 2013. También estuvo con el actor David DeLuise (trece años menor) y el empresario italiano Angelo Boffa (en ese entonces, la actriz acababa de cumplir 60 y él tenía 41), quien llegó a pedirle matrimonio pocas semanas después de comenzar su relación.


A los 68 años, Sharon ya no está interesada en demostrarle nada a nadie. Su gran triunfo no fue solamente convertirse en una estrella. Fue sobrevivir a la estrella que Hollywood había construido alrededor de ella. Porque si Bajos instintos la convirtió en un mito y con Casino demostró que era una actriz con todas las letras, el verdadero papel de su vida comenzó mucho después: el de una mujer que perdió casi todo y decidió volver a empezar.






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