Una planta exótica, nutritiva y sorprendentemente fácil de cultivar si sabés cómo despertarla.
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No todo lo que brota en un rincón de la cocina es fracaso hortícola. A veces, entre las bananas que se pasan y las cebollas que germinan, aparece una oportunidad botánica.
Si alguna vez viste un trozo de cúrcuma (Curcuma longa) soltando brotes como pequeñas lanzas color crema, entonces tenés en tus manos mucho más que un condimento: tenés una planta lista para volver a la vida.

La cúrcuma es una herbácea perenne de la familia de las Zingiberáceas (como el jengibre), con hojas amplias, flores dignas de jardín tropical y un rizoma —ese tallo subterráneo que confundimos con raíz— de color anaranjado intenso y aroma terroso.
En botánica se la considera una “especie estolonífera”, es decir, que se reproduce lateralmente por medio de rizomas ramificados.

Traducido: se multiplica sola si le das las condiciones
De la verdulería al brote: el paso a paso
1. Conseguila fresca. Buscá cúrcuma en verdulerías, dietéticas o en el Barrio Chino. Evitá las piezas arrugadas, con moho o cortadas. Necesitás rizomas enteros, firmes y con pequeñas yemas (los puntos desde donde brotará la nueva planta).
2. Estimulá la brotación. “Colocá los rizomas de cúrcuma en un plato hondo con apenas 2 cm de agua, en un ambiente cálido (interior, sin corrientes de aire). No los sumerjas por completo. Reponé el agua solo cuando se evapore. En una o dos semanas, aparecerán brotes que recuerdan a mini cañas de bambú”, explica la especialista en huertas Gabriela Escrivá.

3. Primer trasplante. Pasá los rizomas brotados a una maceta mediana, poco profunda. Apoyalos horizontalmente y cubrilos hasta la mitad con sustrato suelto, con alto contenido de materia orgánica (una mezcla de compost, fibra de coco y perlita funciona bien).

¿Interior o exterior?
En el norte y centro de Argentina, la cúrcuma puede vivir al aire libre, siempre que no haya heladas. Trasplantala al jardín o huerta en primavera, en un lugar protegido del sol directo y con riego regular.
En regiones más frías, conviene cultivarla como planta de interior. Usá una maceta de al menos 30 cm de diámetro, con drenaje perfecto y ubicación luminosa, pero sin sol filtrado por vidrios (puede quemarla).

Consejos clave
Riego: mantené la humedad constante, sin encharcar. Durante el invierno, reducilo al mínimo.
Fertilización: cada 15 días con compost líquido o extracto de humus.
Cosecha: a los 8-10 meses de plantada, cuando las hojas empiecen a amarillear. Ese es el momento para levantar los rizomas, secarlos y guardarlos (o multiplicarlos de nuevo).
Pocas personas imaginan que este rizoma picante que solemos llamar raíz, esconde una flor digna de un jardín tropical: espigas erectas, blancas o lilas, entre hojas anchas de gran presencia.
Si te gusta el paisajismo botánico con guiños exóticos, la cúrcuma también cumple.
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