
“Me gusta que nada sea pretencioso. A esta altura, no hago ningún esfuerzo por demostrar que puedo diseñar. Lo hago desprovisto de efectos”, cuenta el arquitecto Juan María Altgelt, quien estuvo a cargo de este proyecto, adaptado a la perfección a su manifiesto profesional. “La premisa fue ´form follows function´”, agrega. Pura espacialidad pensada para albergar las piezas de arte del dueño de casa y -quién sabe- ser habitada por otras personas y sus universos en el futuro.

Ubicada en la zona de La Horqueta, San Isidro, se la diseñó para un hombre que vive solo. Separado, quiso que su nuevo hogar estuviera cerca de sus hijos -ya grandes-, que viven a pocas cuadras y a quienes recibe todas las semanas.
El club del desapego
Algo particular del dueño de casa era que no sentía ese común apego que solemos generar con los lugares, especialmente con las casas. “No le costó arrancar hacia algo nuevo. Lo veía como un desafío. -señala el arquitecto- Lo que sí lo siguen son los muebles, la iluminación, la música y los cuadros”.

Esa ligazón con el arte marcó el destino de los ambientes. Sabiendo por experiencia que un cuarto de música por separado se convertiría en una habitación poco visitada, el arquitecto propuso incorporar el sistema de audio en la recepción para que el jazz y la música clásica se muevan libres por todos los rincones. La división sutil con el living la hacen dos bibliotecas Eracle (Maxalto).

La galería está en relación directa con el área social. Como el dueño de casa no suele hacer asados, se la equipó con una parrilla portátil.
En el jardín se instaló una escultura de granito de Jorge Gamarra. Era propiedad del dueño que ya la trasladó en varias mudanzas; gran desafío, teniendo en cuenta que ¡pesa 1.600 kilos!

“El lote tiene 750m2 y la casa, unos 500m2. Es enorme para una persona sola”, admite Altgelt. Pero estas dimensiones tienen una razón clara que sigue el criterio comercial: más allá de construirse a partir de los gustos y necesidades de su dueño, se pensó para ser vendida a una familia tipo cuando así se lo desee.

En lugar de indagar en la diversidad de materiales y terminaciones, se generaron espacios amplios que transmiten calma.

En continuidad, el comedor de la galería queda frente al del interior. Dos gemelos que alternan su protagonismo según la época del año.

Sobre el aparador, pieza de Kenneth Kemble (1961), uno de los artistas más influyentes y rupturistas del arte argentino de la segunda mitad del siglo XX.

Por sugerencia de Altgelt, todos los interiores se pintaron en color SW 7014.
Para reforzar la sensación de calma buscada, se unificaron materiales, como el Nogal que se repite en todo el piso de la casa.

Sector íntimo

Generosa, la planta alta cuenta con un playroom y tres habitaciones en suite.

Con vista al verde

Justo arriba de la recepción está la suite principal. Súper amplia, sigue con los tonos que marcan el programa general: blanco, negro y madera. El destaque de color lo da la alfombra, que sectoriza el área de escritorio.


Riqueza de riquezas, el terreno tenía un cedro enorme de más de 100 años que se respetó en la construcción. Hoy, le da una vista increíble a la terraza que se conecta con la suite principal.

En este proyecto no se buscó adornar. Un ejemplo es la fachada principal que es súper simple, casi diría que demasiado simple.”
— Arq. Juan María Altgelt


