La pastelera Melany Belilos desarrolló un proyecto familiar que conquista paladares: tortas, laminados y una cocina con guiños asiáticos y la comida judía de Nueva York.
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Lo que comenzó como un código familiar -un juego de palabras con su apellido al revés-, se convirtió en uno de los puntos más buscados de Colegiales. Solileb es el proyecto de Melany Belilos, una pastelera que, tras años de formación puertas adentro y en las cocinas más exigentes del mundo, decidió abrir su propio espacio de la mano de sus padres; de hecho, su madre, Mónica, es quien hoy lidera la contaduría y administración del local.

“Este es un proyecto familiar. Mi mamá es la contadora y socia, mi papá me prestó plata para montar este local”, comienza la pastelera. La charla se interrumpe apenas un segundo cuando su madre cruza el salón para hacerle una consulta rápida, una escena que delata la esencia familiar detrás del proyecto. “Somos muy compañeras”, desliza Mel. “Yo vengo de una familia muy trabajadora, abuelos obreros y una abuela que trabajaba todo el día en la AMIA. Mi familia siempre estuvo para apoyarme. “Yo te ayudo para ayudarte”, dice siempre mi papá; siempre con una meta. Eso lo supe aprovechar”.

Para Mel Belilos, la cocina no estaba en los planes cuando terminó el colegio secundario. Se anotó en Comunicación Social y cuando cumplió 20 años una inquietud personal la llevó a las aulas del IAG. “Yo quería aprender a cocinar para cuando me fuera a vivir sola, sentía que era algo central para la vida cotidiana”, dice. “En casa siempre se cocinaba; mamá había estudiado en el IAG porque le gustaba la cocina pero nunca se dedicó a eso”.
Lo que comenzó como una herramienta de independencia terminó superando su interés por la carrera universitaria. “Mi vida empezó a girar en torno a la gastronomía; me encantaba ir a cursar, y en los tiempos libres leer e investigar sobre cocina”. Fue así como Mel dejó la facultad para dedicarse definitivamente a la cocina.

Ese giro la llevó a formarse en Europa, donde inició una profunda fascinación por la pastelería mientras realizaba una pasantía en el restaurante Moments del hotel Mandarin Oriental (galardonado con estrellas Michelin). Continuó su camino con un máster en el prestigioso Basque Culinary Center de San Sebastián, para luego vivir una experiencia transformadora en El Celler de Can Roca en plena pandemia trabajando jornadas intensas y rodeada de un entorno de excelencia que terminó de definir su perfil profesional.
En 2021, Mel regresó a la Argentina y se convirtió en la jefa de pastelería de La Kitchen. El deseo de tener un proyecto propio la llevó a darle forma a Solileb. “Tuve la suerte de viajar y conocer mucho; con esa inspiración nace en marzo de 2022 Solileb en la casa de mi madre, que me prestó su cocina”, revela. “Hacía pastelería a pedido (muchas tortas y cookies), y también participaba de eventos y pop ups, todo sola. Luego me metí en el mundo de los untables, 100% naturales y sin conservantes; hasta que me picó el bichito del local, y luego de tanto buscar un espacio para poner una cafetería, encontramos esta esquina en Colegiales, y me cautivó”.

Una esquina con identidad
Situado en el corazón de Colegiales, el local es hoy un verdadero hit del barrio. “Acá se produce todo; en la planta baja lo que es pastelería y cocina, y en el subsuelo panadería (panes, laminados, etc)”, señala Mel.
El local con amplios ventanales se destaca por ser una esquina de dimensiones generosas, con una arquitectura moderna y una gran luminosidad natural. “Este es un lugar para todos”, subraya la pastelera. “Viene una chica con sus amigas y otro día con su abuela. Quería un lugar así, para un público de todas las edades, que se sientan cómodos y que coman rico. Esa es mi búsqueda”.

Originalmente, el proyecto estaba pensado para una cafetería, pero la amplitud del lugar impulsó a Melany Belilos a reformular su propuesta inicial. Esta transformación permitió integrar una cocina completa, convirtiendo el establecimiento en un espacio híbrido donde conviven distintas propuestas gastronómicas.
Fusión única de sabores, con su madre como socia y aliada estratégica, Mel Belilos ha logrado construir un espacio donde la técnica aprendida en las mejores cocinas del mundo se encuentra con su propia historia. “Si bien mis inicios como profesional fueron en la cocina, los últimos años había estado dedicada full pastelería, por lo que para el menú de mediodía convoqué a un cocinero que me encanta: Pedro Silva, de Lardito y de Lardo y Rosemary”.


De esta manera, Mel logró desarrollar una propuesta que equilibra con maestría lo dulce y lo salado. Aunque Mel se reconoce a sí misma como “full tortas”, su incursión en el mundo de los sabores salados se hace presente en las distintas preparaciones. La pastelera siempre tuvo claro que su cocina debía reflejar sus gustos y su identidad.
“En la carta de Solileb, conviven influencias de Asia y Estados Unidos; incorporé guiños de la cocina judía neoyorquina y toques asiáticos”. Esta fusión se traduce en creaciones originales como el avocado toast con tahina, la ensalada Caesar lleva aderezos asiáticos, las cookies con halva —un homenaje a sus raíces— o los sandos de estilo japonés. “Son platos que me gustan mucho y que conectan con mi identidad”, sostiene.

Un destacado es su sándwich de pastrón, donde todo —desde la elaboración de los panes hasta el último aderezo— se produce desde cero, respetando los procesos artesanales. “El Reuben Pastrami es mi preferido de la carta, al igual que el Trucha Melt, una reversión que pensé como opción al Atún Melt. Ambos se despachan durante todo el día”. El sándwich de pollo frito estilo japonés es otra maravilla de la carta. La misma incorpora pequeños cambios cada temporada: “Me gusta tener productos instalados; pero a su vez hago variaciones chiquititas como la milanesa, a veces de ojo de bife, otras veces de pollo”, dice.
Mostrador recargado

Pero es en el mostrador donde aparece la esencia de Melany Belilos, quien ha volcado en sus productos toda la pasión por las especialidades dulces. Laminados, cookies y tortas imperdibles como la de pistacho, frambuesa y choco blanco, clásico de siempre. La Carrot y la Marquise son otras inamovibles del repertorio. No pueden faltar las medialunas, los rolls de canela y los croissants rellenos con frangipane de pistacho. La vasca de pistacho es la nueva incorporación de la carta.
La propuesta de bebidas está a la altura del lugar. El café de Fuego Tostadores preparado por baristas, una cuidada selección de etiquetas de vinos, y jugos naturales con toques que escapan de lo convencional.

“Si tuviera que definir a Solileb, diría que es un lugar al que me gustaría ir” resume Mel, una búsqueda que consistió en amalgamar las experiencias y gustos recolectados a lo largo de su carrera para dar forma a un espacio donde el buen trato y la comodidad inviten, inevitablemente, a volver.
Solileb. Zapiola 1102, Colegiales. De martes a viernes de 8 a 20. Sábado, domingo y feriado de 9 a 20. IG: @solileb
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