Se reunían a jugar al tute, y por eso le pusieron “las 40″ al boliche que salvaron y hoy es un punto de encuentro, vermú y picada mediante, de viejas y nuevas generaciones.
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Ocho amigos. Todos egresados del mismo colegio de Mar del Plata, el Nacional Illia. Fueron tomando distintos rumbos. Uno es taxista, otro trabaja en un banco, otro se licenció en Economía, hay uno que es profesor de historia y uno que trabajaba en un supermercado y se terminó haciendo charcutero, pero todos los meses se juntan a comer en algún bodegón o cantina. Y tienen algo más en común: un pequeño bar, que rescataron de un amargo cierre hace tres años y hoy es uno de los pocos lugares a los que entregarse a la ceremonia del vermú y el copetín por las tardes en la ciudad balnearia. Se llama Las 40 viejo bar.

Cada uno puso 30 mil pesos para poder alquilar el local, darle una lavada de cara y acondicionarlo. “Históricamente este era el bar Rodríguez Peña, también conocido como el bar de Carlitos. Cuando Carlitos murió lo continuaron su hija y nieto, pero no duró mucho. Y ahí fue cuando entramos nosotros”, cuenta Joaquín Teixedo que, de los ocho amigos, es el que le pone el cuerpo al hecho de estar todos los días en el bar. De hecho, quien le contó que el bar se alquilaba fue su padre José Luis, “el Pocho”, abogado, quien con un grupo de colegas se juntaban todas las tardes en el bar de Carlitos. Los apodaron “los notables”.

“Se juntan desde el 79, primero en La Reforma, pero después La Reforma cerró. Boyaron por distintos bares hasta que encontraron el de Carlitos donde se podía fumar. Acá los empezaron a llamar “los notables” porque son jueces, abogados, escribanos. Pero en 2015 murió Carlitos y peligraba de nuevo su lugar de encuentro”.

Hoy los notables se siguen congregando a diario en una de las mesas de fórmica que están frente al televisor y a un cartel al que todos le sacan una foto y que dice “Los quiero con todo mi corazón, no estoy en pedo ni nada (anónimo)”. Las sillas son originales, de cuerina marrón, y en la barra hay fotos de Gardel, de Goyeneche, de Maradona. Pero no solo de sus históricos habitués es que vive Las 40 viejo bar, lo interesante es que con el cambio de administración sumó una nueva clientela, joven, que comienza a habitar esos bares tradicionales de barrio.

Otra razón de peso es su oferta gastronómica. En Las 40 viejo bar hacen su propio vemú, a base de torrontés el Rodo y también sus propios embutidos. Joaquín los elabora desde hace varios años cuando haciendo pruebas se dio cuenta que podía hacer un jamón crudo mucho mejor del que en se vendía como premium en la ciudad. Luego hizo un curso con un charcutero de Sierra de los Padres. Hoy, además hace longanizas, salames criollos, bondiola, Cracovia, mortadela, leber, salchichas que se sirven en los clásicos platitos de metal. Sus embutidos ganaron tal fama que algunos restaurantes de Mar del Plata los incluyeron en su carta.

El día de las fotos coincide con el partido de Boca y River. Es domingo y el bar está cerrado. Suena el golpecito en la cortina de metal y Joaquín sale a abrir. Los que ya están adentro sonríen cuando ven llegar a sus amigos. Se hacen algún chiste, una chicaneada, por el fútbol o porque alguno se “hizo la carmela” ahora que pasaron los 40. Hace 30 años que se conocen. En el entretiempo posan junto a la barra del bar que los une y que el 2 de abril cumple su tercer aniversario. Tienen pensado construir un deck y poner algunas mesas más en la calle. No se pueden quejar, siempre están llenos y la mesa de los Notables es la única que se reserva: cada tarde, antes de que sean las 18 ya están esperando en la vereda.

Las 40 Viejo Bar. Primera Junta 2637, Mar del Plata.
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