Cosechado en las alturas de la Cordillera de los Andes, el whisky hoy alcanza la madurez deseada y se comercializa en partidas únicas desde la destilería de Las Compuertas
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“No fue magia, hubo que esperar diez años”, explican los hermanos Cristian y Gabriel Williams, creadores del primer single malt con trazabilidad 100% andina, una bienvenida excepción en una de las principales zonas vitivinícolas de Mendoza. Con una historia familiar ligada a la industria del vino, un día decidieron vender todo y apostar por la malta con total convicción. Sabían lo que querían hacer –un producto verdaderamente excepcional– y lo que requería: tiempo y paciencia, en primer lugar.

“Williams es nuestro apellido (Casanegra es el materno) y lo del whisky lo tenemos en la sangre, es cultural. Mi bisabuelo tomaba whisky, mi abuelo y mi papá también, y nosotros amamos el whisky”, explica Gabriel sin rodeos sobre el origen del ambicioso proyecto.

Así fue que en 2013 comenzaron a sembrar su cebada de altura en el Valle de Uco (entre los 1.200 y 2.000 msnm), “el terroir ideal, de clima seco”. Ya en la destilería, el meticuloso proceso de malteo se realiza en un horno construido con antiguos adobes de condiciones óptimas para el aislamiento del calor. Para lo que sigue -cocción, fermentación y destilación-, compraron alambiques de cobre antiguos rescatados tras una ardua búsqueda, así como barricas de roble recién descubadas y rellenadas el mismo día para la larga maduración del whisky, lo que les permite conseguir notas únicas frutadas y especiadas.

Hoy alcanzan la madurez sus primeras barricas de 10 años y se comercializan en partidas únicas e irrepetibles. “Logramos una calidad de maltas comparadas con algunas de 18 años de Escocia”, aseguran.
En esos diez años de espera, mientras las maltas se añejaban, también pasaron cosas. Produjeron los gins Belladona y The Perfumist, los vodkas Antártica y Narciso Negro, el vermú Hierba Mala y el pisco Diavolezza. Y se dedicaron a construir la destilería artesanalmente con materiales de demolición de bodegas, el ferrocarril y correo argentino, que acaba de recibir un premio de arquitectura.

“Esto era un bosque, no había nada”, explica Cristian, mientras guía el tour por la aldea productiva que concluye en un espacio sofisticado de aire british llamado Chupacabras whisky boutique & club. Mucha madera, techos altos, hierro, sillones Chesterfield, un gran hogar y una barra iluminada son el marco perfecto para degustar sin apuro los whiskies de la casa maridados con un delicado tapeo de carnes.

Datos útiles
Roque Sáenz Peña 7890, Las Compuertas.
Para visitas, hay que reservar. El tour por la destilería incluye un flight de 2 expresiones de Casanegra Andes single malt, guiado por los head sommeliers, llevado a cabo en el tasting room. Por persona, u$s 65. The Millstone Experience es una experiencia privada y exclusiva en uno de los lugares más sagrados de la destilería llamado Millstone: una muela de molino jesuita del siglo XVII es el centro para degustar maltas especiales de la estiba privada de la familia Williams Casanegra directo de su barrica (cask strength).
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