
El ingeniero químico que renunció para limpiar casas de coleccionistas y se transformó en artista visual
Fabricio Gerbaudo dejó su puesto en una empresa e incursionó en un nicho particular que lo llevó, a su vez, a realizar obras de arte con ballerinas
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El camino que hizo Fabricio Gerbaudo (56) hasta convertirse en artista visual es bastante particular. Durante años, trabajó trabajó como ingeniero químico industrial e incluso desarrolló el sistema de gestión de calidad de las icónicas ISO 90001, en Techint. Pero cuando el proyecto que tenía asignado se suspendió, se dio cuenta de que necesitaba dar un giro radical. Se desvinculó de la empresa, se tomó un año sabático y tomó una decisión que le cambiaría la vida. Cuando se le terminó la indemnización, decidió encarar una tarea poco convencial: limpiar departamentos de coleccionistas de arte repletos de cuadros y piezas únicas de gran valor. Él, que a su vez es coleccionista, siempre fue muy metódico y cuidadoso con los objetos, por eso empezó con conocidos y el boca a boca no tardó en llegar. Casi sin darse cuenta, Fabricio Gerbaudo fue sumando clientes.
Con cierta obsesión por la limpieza heredada de su infancia en San Francisco, Córdoba, descubrió que las ballerinas amarillas que utilizaba le abrían un nuevo universo. De textura suave y en amarillo vibrante, los paños multiuso y absorbentes le permitieron recuperar, entonces, su verdadera vocación: ser artista visual.
La sistematización que le dio la ingeniería le permitió diseñar programas para resolver la limpieza de la primera casa, pertenenciente a un íntimo amigo. Cada rincón, cada cuadro, cristalería de Murano y florero de vidrio que pasaba por sus manos impulsaba su inspiración. También repasaba libros de arte y decoración, muebles de maderas nobles: “Entraba en otra dimensión, en un estado de meditación”, confiesa Fabricio.

Un living llevó a otro living, a otros pisos repletos de objetos para sacarles brillo. En cada descanso, anotaciones en cuadernos, bocetos a mano y una selfie. La serie de autofotos se transformó en Cosas que hago cuando limpio, una selección de imágenes que retratan al protagonista con sus elementos de limpieza. Las ballerinas son protagonistas.
Hoy, Fabricio expone en distintas salas de la ciudad de Buenos Aires sus instalaciones performáticas, objetos, fotos, pinturas y esculturas textiles inspiradas en el trabajo cotidiano que aún sostiene. Pero, sobre todo, estas tiras amarillas, recortadas, trenzadas o unidas entre sí, activaron su vínculo con el pasado. Su muestra, Poética Material (en el MARQ, Museo de Arquitectura), lo llevó a copar el último piso del extanque de agua con objetos esculturales, cuadros, fotos y la serie de obras Kintsugi by ballerina Love. “Está basada en la técnica japonesa de reparación de objetos rotos. Pero en lugar de hilos de oro aplico tiras de ballerinas como elemento de visibilización. La idea ronda en el concepto de los gestos domésticos como actos de reparación”, afirma Gerbaudo, que cursó talleres de arte con Diana Aisenberg y trabaja como asistente de las artistas Agustina Nuñez y Natalia Cacchiarelli.
“Estos paños que circulan en los bordes de las cocinas, se esconden detrás de inodoros o se guardan fuera de la vista fueron un descubrimiento”, confirma Fabriico, y agrega que ya lleva comprados más de ocho bolsones con 250 paños cada uno.
Su recorrido lo llevó a desarrollar una práctica artística que toma como punto de partida un catálogo de restos, gestos mínimos y operaciones que desplazan los límites entre cuerpo, objeto y espacio público.


