
Insólito. La artista que creó un archivo con más de mil fotos de tanques de agua
Mari Sanguinetti atesora una verdadera colección gracias a la colaboración de “los capturadores de tanques” de todo el país
4 minutos de lectura'
Hay coleccionistas de postales, suculentas o entradas de conciertos. La artista visual Mari Sanguinetti desbloqueó su propio nivel de acumuladora serial de objetos y atesora un archivo de más de mil fotos de tanques de agua. La compilación no es caprichosa. Obedece a tipologías, colores, formatos y localidades. Cuando en plena pandemia creó la cuenta en Instagram @tanques.deagua no imaginó la catarata de colaboraciones espontáneas que recibiría desde todo el país. Casi sin proponérselo, Sanguinetti, 39 años nacida y criada en La Plata, asumió el rol de curadora de una red colaborativa de “capturadores de tanques de agua”, como define la coleccionista a la legión de voluntarios que se detienen en la ruta, frenan en una calle o levantan la mirada para retratar estos artefactos urbanos.

Anónimos y de bajo perfil, sin embargo, asumen un rol social más allá de erigirse como hitos en el horizonte. “A la vuelta del tanque”, “A dos cuadras del tanque”, son las frases que más se reiteran en pequeñas ciudades donde ocupan un lugar de privilegio en la cartografía local.

Con una fuerte impronta lúdica, Sanguinetti organiza concursos, entrega premios (mini tanquecitos a los autores de las fotos ganadoras) y les inventa nombres a los elegidos. La damajuana, el silbato, el plato volador, el toro, el globo, el cohete, el diamante, la canasta. Las mil y una morfologías definen estos depósitos de agua, figuras claves de la red de abastecimiento.


La idea del concurso, como casi todos sus proyectos, también surgió como un juego. El mejor hongo, la mejor intervención creativa, el geométrico y el figurativo son algunas de las categorías que convocan a votaciones nacionales e internacionales.

“Prestar atención a lo que no mirás por ir de un lado a otro es una estrategia para hacer foco. Los tanques son el contrapunto de lo micro: son macro”, define Sanguinetti. Y agrega: “Hay construcciones abandonadas, destruidas, tengo fascinación por el derrumbe. Esos son mi perdición”, apunta.
Todo empezó en los viajes por la Ruta 2. Mientras sus primos contaban molinos Mari buscaba tanques de agua, encontraba similitudes, descubría nuevos integrantes en el camino.


Hay dos pistas para bucear en la semilla de esta obsesión: su paso por la carrera de Antropología y su actual puesto, “porque vivir del arte es complicado”, en el ministerio de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires. Su cargo en el área de geolocalización de imágenes digitales de las obras no podía ser más preciso. “Me llaman la señora de los tanques, los ubico en el mapa con un punto”, dice Sanguinetti con una sonrisa. También le causa mucha gracia que la asocien con un varón. “Wachín, flaco, loco”, le dicen seguido, cuando le mandan fotos.


Casi sin proponérselo se convirtió en arqueóloga de estos marcadores urbanos armando una red de exploradores espontáneos. “Hay capturadores que ya ascendieron a corresponsales, es la gente que sale especialmente”. Además de las formas insólitas, a la artista le interesa lo que pasa alrededor de los tanques, la comunidad que los usa, el rol que asumen como punto de referencia y de encuentro social. “La radio Gardeliando, un barrio de El Palomar, usó la imagen de un tanque del lugar para el logo de su radio. O el equipo Godoy Cruz, que para sus 100 años restauró el tanque del estadio y lo pintó con los colores del club. Esos son ejemplos que me interpelan”, concluye Sanguinetti, coleccionista serial de tanques de agua, señales de referencia, gigantes invisibilizados que se integran a la trama.



