
Leonora Balcarce: “No pienso preparar a mis hijos para que se vayan a vivir afuera”
La actriz está por estrenar una película; por qué le dijo que no a Muscari para participar del éxito de Sex
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Mientras toma unos mates y esquiva la balacera de preguntas de sus hijos Vinicius y Río, que la siguen como ardillas por la casa, Leonora Balcarce (gran actriz, ex modelo publicitaria, chica moderna que también coqueteó con la moda) no puede evitar la risa cuando se le recuerda la época en la que renegaba de las notas, posaba enojada y era señalada (y hasta cuestionada) por formar parte de aquello que llamaban actrices cool.
“Era un todo un disparate. Habían inventado eso de las populares y las cool, como si el término fuera algo malo. Yo tengo entendido que no. Pero lo asociaban con lo antipático o distante, supongo. Reconozco que no me gusta que se metan en mi vida y más de una vez me han sacado fotos en las que salía con una cara de culo que me la pateaba. Pero bueno, ameritaba. Todavía no estaba sociabilizada”, recuerda la actriz, que está a punto de estrenar una película y que, por respeto, no piensa mencionar una palabra sobre su pasado amoroso con Gustavo Cerati, más allá de adorar a su familia y seguir vinculada a ellos.
–¿Quién eligió los nombres de tus hijos?
–Ambos el padre, y está bien porque apenas los sugirió me encantaron. Tal vez Vinicius me dio un poquito más de miedo porque no quería que lo confundan con Benito, o algo por el estilo. Pero lo mío es un mambo personal. Yo soy Leonora, Leo, pero siguen cambiándome el nombre. Hasta me ha pasado en la tele, en algún programa en vivo. No es algo grave, pero tampoco está tan bueno que te cambien el nombre. Salvo que vos lo elijas y lo desees. Una buena de estos tiempos es eso, poder ser quién sos, elegir tu nombre.
–¿Te transformaste en una chica optimista?
–Cuando tenés hijos no te queda otra que intentarlo. Yo en general no soy tan positiva con las cosas, pero quiero pensar que el país puede salir adelante alguna vez. Qué sé yo... Ahora veo este espanto de la guerra, el mundo roto. Todo lo que podemos hacer es que haya armonía y buenos ejemplos puertas adentro, elegir buenos amigos y colegios. Aunque el panorama no sea muy alentador, no pienso prepararlos para que se vayan a vivir afuera. Quiero a mi país. Por otro lado resulta imposible no ponerse a pensar qué mundo les vamos a dejar. Pandemia, tragedia, guerra, todo mal con la ecología. No aprendimos nada. No sé si la humanidad tiene mucho arreglo.
–¿Qué situaciones te siguen poniendo distante, como comentábamos sobre tus tiempos de cólera?
–(Risas) No fue para tanto ni tanto tiempo. Nunca fui maleducada ni agresiva. Creo que en esa época, en la que me sentía muy expuesta, fui corta. La palabra es esa: corta. Supongo que por una cuestión de inseguridad, de no poder manejar la diplomacia. He saltado ante ciertas preguntas, sí. No entendía mucho al periodismo y me ponía distante. Con el tiempo lo fui acomodando y me convertí en una persona más social. Si no lo hubiera hecho, estaría fuera del sistema.
–En tiempos de formoles capilares que te hacen lacia en media hora, muchas aplauden tus rulos locos. Saliste del estereotipo.
–Y pensar que de chiquita los odiaba. Resulta que ahora soy una especie de abanderada de los rulos. Pero ojo que el rulo está bueno si te acompaña el clima. No es lo mismo Buenos Aires que Bariloche. Me mata porque cuando intento cambiar un poco el peinado, la gente opina. Eso, la verdad, me rompe un poco.
–¿Estás por estrenar una película?
–Sí, se llama Ven a mi casa esta Navidad y es una ópera prima de Sabrina Campos. Están terminando la etapa de edición, estoy muy contenta. El cine me apasiona. Todavía recuerdo la sensación de la primera vez. Era un papel muy chiquito pero salí de la filmación y dije: ‘Quiero hacer esto’.
–¿Le dijiste no a Muscari cuando te invitó a participar en Sex?
–Adoro el teatro porque es mágico, te da la posibilidad de ir cambiando, de encontrar la obra para vos. Siempre digo que es espectacular porque te da revancha. Y lo de Sex era genial, obvio. Pero me llegó en un momento que no daba. Acababa de tener a Río, Muscari me contó de qué se trataba y no lo sentí. No me encontraba para ensayar una obra hablando de mi cuerpo y el sexo a los 40. Estaba muy madre. Igual, a todos nos pega diferente.
–Y sí. Pampita fue madre y a los días ya estaba como si nada, en el universo Tinelli...
–Iba a dar ese ejemplo. Ella tenía a su bebé en el camarín, a dos pasos. Quería hacerlo y está perfecto. Yo, en cambio, no tenía ganas de encarar la calle y menos ver gente. Pero no porque me haya pegado depresiva o algo de eso. ¡Al contrario! Yo quería estar con el bebé en la cama. Listo, chau. No exigirme.
–¿Mirás tele?
–Sí, hago zapping a la mañana. Chusmeo a esa hora. A la noche jamás. No me gusta dormirme con feas noticias. Prefiero una buena serie.
–Dijiste chusmear. ¡No me digas que ahora tolerás el chimento!
–Recontra veo esos programas. Mientras tomo unos mates me pongo al tanto de los escandaletes. Como todos, seguí el Wandagate y en algún momento con mis amigos fue tema de debate. Me parece impresionante que no puedan resolver los temas puertas adentro, qué sé yo. Algunos personajes me dejan muda.
–¿Por ejemplo?
–Bueno, me pasa con Viviana Canosa. Esos descargos que hace. Esa intensidad. Me parece increíble. Ojo, no es que me guste. Para nada. Pero creo que encontró un rol que le funcionó. Hay gente que planea su carrera, su vida. Se reinventa. Yo no juzgo.
–¿Y vos?
–Ay, no. Yo simplemente vivo. No planeo, disfruto y agradezco un montón.




