
Ludovica Squirru, íntima: de la Cabra de Fuego que marcará el 2027 a su vida en Traslasierra
La astróloga cuenta cómo será el año próximo y describe sus días en Córdoba, donde vive junto a su compañero y sus perros
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Los que buscan a Ludovica Squirru solo para saber de predicciones se pierden un personaje alucinante. Porque además de astróloga es escritora, viajera, mentora de la refundación de la Argentina y chamana federal de sierras, mares y lagos. Es la poeta que hace años eligió vivir en Traslasierra, Córdoba, donde escribe, observa, vuela y recibe amigos, lectores y admiradores de todos los países.
Junto a su gran compañero, Claudio Herdener, y ahora dos perros (Consuela y Sunday), Ludovica vuelve cada año con su astrología china y aquello que llama, sin demasiadas vueltas, el destino. Hablar con ella es tirarse de cabeza a su universo. Se empieza, desde ya, con la Cabra de Fuego que marcará el 2027 “luego de un caballo, también de fuego, que nos tuvo todo el año al galope”. La buena noticia es que esta cabra irá por el mundo un poco más tranquila y gentil que su antecesor. “Pero igual, en la Argentina, nunca se vive en aguas calmas”, dice Ludovica.

–¿Por qué sucede eso?
–El nombre de nuestro país deriva de Argentum, que quiere decir plata. Entonces estamos destinados a que esa sea la ambición mayor de este país: la plata. Tener plata. Hacer plata. Robar plata. Saquear la plata. Eso ya te marca como tu nombre, el karma.

–¿Cómo se sigue intentando?
–Argentina es la originalidad. No creo que haya un país más original que la Argentina. Especialmente su gente. He recorrido todas las provincias porque soy una mujer federal y me conmueven las historias, el origen de las diferentes inmigraciones, sus descendientes. Cómo se las arreglaron para quedarse en lugares tan inhóspitos, ese poder reinventarse en una tierra nueva y seguir adelante.
–¿Y qué nos falló?
–Me gusta mucho el concepto Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero la gran tristeza, lo que no me gusta, es que nunca nos unimos. Jamás nos quisimos ni entendimos que hay que remar a favor de la corriente, sin banderas políticas y con conciencia.
–¿Eso tiene que ver con lo que sostenés: que Argentina vive en un conflicto perpetuo porque la carta natal del 9 de julio de 1816 es mala?
–Desde ya, la Argentina arrastra un conflicto estructural. Porque la carta natal tiene una configuración marcada por una luna llena en oposición al sol. Luna de sangre. Es Cáncer-Capricornio, lo peor que te puede pasar para inaugurar o iniciar algo. Para que se entienda: nunca arrancar en luna llena, y mucho menos esa combinación porque significa un eterno enfrentamiento del pueblo con el gobierno de turno. Al nacer bajo esa oposición, el país quedó predispuesto a una grieta de origen, donde la dirigencia y la sociedad hablan idiomas distintos.
–¿Por eso ideaste la Fundación Espiritual de la Argentina?
–Sí, claro. Y todos los años estamos ahí. Fue una visualización que tuve para cambiar la fecha malparida del 9 de julio. Todo eso es ad honorem. Abro la tranquera y viene gente increíble de todas partes. Lo hacemos los 4 de diciembre. Comenzamos en 2003, junto a un equipo interdisciplinario de astrólogos, historiadores, músicos y poetas. La elección de esa fecha responde a una alineación astronómica favorable. Una fecha propicia para el nacimiento de una nueva idea. Porque esto no es político sino humanista, ecologista, artístico, de comunidad de abejas. Otro mambo.
–¿El actual presidente está al tanto de la refundación? Se sabe que en su entorno interesan los temas astrológicos.
–Yo no tengo contacto con él, pero sé que ellos son muy pro Solari Parravicini (artista argentino conocido por sus psicografías proféticas), todo lo que yo saqué a la luz cuando nadie hablaba de él. En 2001 yo ya hablaba de sus profecías y del hombre gris. Pero jamás en mi vida pisé Olivos.
–¡Pero seguro te han preguntado por eso! Lo del hombre gris fue tema cuando comenzó este gobierno.
–Sí, pero me negué a dar detalles. ¿Qué les voy a decir? Que se viene un mundo muy duro es real. Que se va a caer todo a pedazos, también. Hay fines de ciclos mundiales que están en todas las profecías. Viene una nueva humanidad.
–¿Cuánto falta para eso?
–No tanto. Unos diez años. Va a quedar tan poco en el planeta con el cambio climático, los terremotos, el Niño, los incendios y las guerras... El ser humano va a buscar la supervivencia sin importarle nada. Y ahí todo se iguala, nadie se salva.
–Y el que puede, ¿dónde debería refugiarse?
–En la montaña, porque lo demás se hunde.
–¿Qué cosas no soportás o qué te cuesta perdonar?
–Me exaspera la insoportable levedad del no ser. Y con respecto a no perdonar... No lo logro, sobre todo cuando hay una idea para solucionar, grandes karmas familiares. He perdonado a gente cercana que a veces se aprovechó de mí en lo económico, en quién soy, o que incluso me ha usado. Pero después me da pena porque lo que no es propio, no sirve.

–¿Entonces? ¿Qué sabor te queda?
–Hay que tener mucho coraje para decir “te perdono”, pero en el fondo de tu corazón, sabés que no lo estás perdonando. O no te perdonás a vos misma. Por lo tanto yo trato de mirar a fondo cada dolor y cada herida abierta que tengo, para saber si todavía estoy a tiempo, si está bien que no haya perdonado.
–¿Y das consejos?
–Ahora no tanto. Hasta que cumplí 70, hace poco, me la pasé hablando de la prevención que hay que tener en la vida, en todo sentido. Salud holística, económica, temas familiares. Lo que hay que sanar, lo que hay que mirar con lupa, lo que no se puede dejar pasar como si fuera algo light, porque después te trae consecuencias enormes. Pero la verdad es que ya me cansé de dar consejos. Porque creo que mucha gente nace con sabiduría, pero hay muchos que ni siquiera tienen ganas de acercarse a ver de qué va la vida. Igual hay un consejo, el mejor que me dieron, y lo hizo el chamán Dionisio Aizcorbe, que dice: “No hay que interferir en el karma ajeno”.

–¿Cuándo sos feliz y cuándo llorás?
–Lloro poco en realidad. Me refiero a lágrimas, pero hay un llanto de emoción cada vez que llego a mi lugar y me abrazo con mis perros, a los que extraño mucho. Soy feliz porque hace 20 años estoy con Claudio, un compañero maravilloso, con quien comparto el milagro de vivir en Traslasierra. ¿Sabés lo que significa ser best seller todos los años y poder pagar las cuentas con eso? Estar en Nono y que aparezca un fan de Dinamarca y te diga: “Te organizo una visita para el año próximo, porque allá te conocemos”.
–¿Cumpliste 70? Nadie lo imaginaría...
–Porque tener proyectos es la manera de sentirte joven. Yo no tengo botox ni lifting. Tuve pasiones, sexo y rock and roll. Y ahora esta vida, acompañada por mi pareja, fotógrafo, compañero, un hombre handy. Contar con un hombre habilidoso en estos pagos es directamente una odisea. No puedo explicar cómo embelleció todo.


