
Un estudio australiano reveló que el 71,5% de las niñas de esa edad deseaba una figura delgada; el 45,7% dijo que recurriría a una dieta para lograrlo. Advierten sobre el riesgo de trastornos alimentarios
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SANTIAGO, Chile (El Mercurio/GDA).- Con apenas seis años, algunas niñas ya están más preocupadas por su imagen corporal que por jugar con muñecas. Así lo plantea un estudio australiano, cuyos resultados dejan al descubierto una tendencia que va más allá de las fronteras de la isla: una gran cantidad de niñas están disconformes con su cuerpo y reconocen en la delgadez un equivalente de belleza física.
Estos dos factores pueden pavimentar el camino hacia un trastorno de la conducta alimentaria, como la anorexia o la bulimia. Según el estudio, que aparece en la última edición de la revista British Journal of Developmental Psychology, el 71,5% aseguró que desea una figura más delgada y el 45,7% dijo que utilizaría una dieta restrictiva si llegaba a aumentar de peso.
Quienes participaron del estudio tuvieron que observar siluetas de figuras femeninas de niñas de 9 años y escoger cuál de las imágenes era la más parecida a ellas y cuál reflejaba lo que querían ser. La mayoría escogió el retrato de la más delgada como su ideal.
Las autoras de la investigación, Hayley Dohnt y Marika Tiggemann, de la Universidad Flinders, plantean que las niñas desarrollan su deseo de ser flacas durante los primeros años escolares; es decir, entre los 6 y los 7 años. A esa edad, ya manifiestan la definición y el concepto sobre qué es una dieta.
Medios y pares
Los resultados permiten entender la tendencia a la aparición de problemas en la conducta alimentaria en edades más tempranas. Una realidad que también se observa en Chile, según cuenta la psiquiatra Lilian Urrutia: "Así como se ven más casos en hombres y mujeres de mayor edad, los trastornos alimentarios se están advirtiendo en niñas más chicas, con 10 o 12 años".
La doctora Rosa Behar, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Valparaíso, precisa que detrás de estas patologías hay múltiples causas, como factores biológicos, culturales y sociales. Tener madres o hermanas que sufrieron o padecen patologías alimentarias o de salud mental (como depresión o ansiedad) predispone a un mayor riesgo de morbilidad.
"En esas familias hay una preocupación mayor, implícita o no, por el peso, la figura y la comida. Además, el trastorno en la madre puede alterar el vínculo con su hija, que puede interpretarlo al crecer como un rechazo a su imagen."
A lo anterior se suma que en los últimos años ha ido disminuyendo la edad de comienzo de la maduración sexual, que produce cambios corporales incluso antes de los 10 años.
Sin embargo, el factor sociocultural tiene un peso igual o más importante, agrega la doctora Behar, considerando que el riesgo se eleva dentro de aquellas sociedades industrializadas y occidentales, en las que la belleza física es sinónimo de delgadez y éxito.
De hecho, hay estudios que demuestran que grupos sociales originarios de países donde la frecuencia de estos trastornos es baja, como en Oriente, al mudarse a lugares donde la incidencia de la problemática es alta, copian o reproducen la tendencia.
Lilian Urrutia concuerda en eso y se refiere a la gran influencia mediática. "Las niñas están expuestas a programas de televisión y revistas que están dirigidos a adolescentes o jóvenes y en los que se vende una imagen errónea de lo que es exitoso. Ellas reciben el mismo mensaje, pero sin ningún filtro ni orientación."
Así, desde pequeñas aprenden a hipervalorizar lo físico. En tal sentido, otro aspecto determinante es la influencia del grupo de pares. "El principal período en el que comienza la insatisfacción (6 años) coincide con el inicio de la etapa escolar", cuando comienzan a interactuar con más niños, dice la doctora Dohnt.
El rol de los padres
"La mayoría de los estudios previos se focaliza en la adolescencia. Pero ahora, aspectos como la insatisfacción corporal y la identificación con los pares tendrán que ser más estudiados en grupos de edades más bajas", enfatiza la investigadora.
De esta forma, las niñas pueden crecer rodeadas de modelos e ideas que las hacen más vulnerables a desarrollar un trastorno alimentario en la adolescencia, o incluso antes. Y si bien toda intervención terapéutica es compleja, precisa Lilian Urrutia, en estos casos puede ser que la fuerza de ciertos pensamientos sea más rígida por la antigüedad con que acompañan a la menor, y cueste más modificarlos.
Para prevenir que la influencia del medio desencadene en una niña ideas negativas sobre la autoimagen, la psiquiatra Rosa Behar precisa que es importante que los padres enseñen a sus hijos a soportar y defenderse de burlas y comentarios adversos sobre su figura corporal.
"Los niños pueden ser a veces muy crueles con sus bromas. Los papás tienen que estar pendientes de eso y darles herramientas a sus hijos para superar esas situaciones, por ejemplo, reafirmando la autoestima sobre la base de aspectos como su intelectualidad o espiritualidad", explica la especialista.



