
¿Puede un adicto rehabilitarse completamente? ¿Qué clase de tratamientos se aplican en el país? Un informe ( Nota I )
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Cuando Diego Maradona eligió una institución cubana para encarar su rehabilitación de la adicción a la cocaína, muchos especialistas locales se sintieron molestos: ¿acaso no había en su país centros idóneos para curarse?
En la Argentina, el tratamiento de la drogadicción es una problemática extendida. Según el sociólogo Alberto Calabrese, a cargo de la Subsecretaría de Prevención y Asistencia, de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (en adelante, Sedronar), "tres de cada cien argentinos mayores de 16 años pueden ser considerados drogadependientes. De ellos, el 80% es adicto a la cocaína".
¿Qué es lo que resulta tan atractivo -y peligroso- en esta droga, cuyo consumo no repara en diferencias sociales? "La cocaína, explica el doctor Guillermo Dorado, subdirector médico de la Clínica Villa Guadalupe, es una droga psicoestimulante (el alcohol y los sedantes tienen efectos depresores, la marihuana y los opiáceos son alucinógenos), que al incrementar el flujo de dopamina , la noradrenalina y la serotonina en el cerebro provoca esa vivencia de euforia conocida como síndrome de Popeye ." Su consumo crónico genera estados depresivos y fenómenos psicóticos (percepciones equivocadas de la realidad, paranoias, interpretaciones ilógicas).
Para definir a una persona como adicta , según Dorado, se necesitan tres condiciones: la periodicidad y la cronicidad en el uso (por eso alguien que consume sólo los fines de semana, pero desde hace 30 años, es adicto) y la vulnerabilidad previa. "Cuando esos factores confluyen -concluye el especialista-, convertirse en adicto es sólo cuestión de tiempo."
Más de 500 instituciones
En diálogo con La Nación , el Licenciado Calabrese afirma que "existen en el país más de 500 instituciones reconocidas dedicadas al tratamiento de adictos ("aunque muchas de ellas son cartón pintado" , advirtió) con concepciones terapéuticas que van del cientificismo psiquiátrico al fervor religioso. Los tratamientos de rehabilitación pueden ser individuales o grupales, y desarrollarse en forma ambulatoria o requerir internación, algo muy habitual en la cocaína: con plazos que oscilan entre los seis meses y los dos años, todo indica que el viaje de vuelta es un arduo trabajo.
"Aunque para ser certificado como bueno -asegura Calabrese-, un tratamiento debe incluir un seguimiento a cinco años, la gente cree que basta con encerrar al adicto en una habitación de paredes mullidas para que no se golpee hasta que supere el síndrome de abstinencia y salga liberado de su encierro, cuando la verdad es que -explica el doctor Dorado- fisiológicamente, el síndrome de abstinencia de la cocaína se sobrelleva sin mayores problemas." Hasta no hace mucho, casi la única alternativa de internación para adictos era la clínica psiquiátrica "necesaria en muchos casos -precisa Calabrese-, aunque, en otros, era producto de la desesperación de la familia, de la creencia de que el aislamiento es curativo o que lo grave merece una internación".
Pensadas originariamente para el tratamiento de patologías mentales, muchas clínicas fueron incorporando terapéuticas del campo de las adicciones y hoy son el destino tanto de adictos puros como de pacientes con patologías duales (por ejemplo: toxicomanía y esquizofrenia).
Dirigida por el doctor Eduardo Kalina, Villa Guadalupe es una clínica psiquiátrica con orientación en adicciones, privada y cerrada, de la cual los pacientes "no pueden irse por su cuenta si no les gusta". Con tarifas que parten de los 1500 pesos mensuales, los adictos son casi todos cocainómanos varones de clase media y alta, y el período de internación puede variar entre los dos y los doce meses, lapso en el que -además de tratamientos psicológicos- se enfatiza la desintoxicación "que en ciertos casos requerirá medicación ansiolítica", explica Dorado. Superado este período, se profundiza en otros aspectos del interno a través de, por ejemplo, el psicoanálisis individual. Cuando "el paciente aprende a sostenerse sólo fuera de los límites de la clínica", se le da el alta médica.
Otra de las modalidades para el tratamiento de adictos que requieran internación es la Comunidad Terapéutica (CT). A diferencia de las clínicas, en las CT casi no se emplea medicación, y basan su eficacia en los grupos de pares, que funcionan como espejos, como críticos, como sostén.
La CT es un lugar de tratamiento con reglas muy claras, donde las actividades - cocina, huerta, animales, talleres, limpieza, administración interna, etcétera- están a cargo de los internos. Todas las CT tienen períodos: inicial o de admisión, medio o de tratamiento, y uno final o de reinserción socio-laboral, etapa que las diferencia de otras modalidades de internación. Hay CT rurales y urbanas (según su ubicación geográfica), jerárquicas o democráticas (según por quién están manejadas: ex adictos, profesionales, mixtas), laicas o religiosas, aunque hoy casi todas han integrado a algún especialista entre sus filas y también -siguiendo los lineamientos del Proyecto Uomo del Ceis, la institución italiana más importante en el tema de las CT en el mundo-, han reformulado los primigenios conceptos de aislamiento total, para abrazar el de rehabilitación dentro del contexto . "A las granjas y a las comunidades se nos emparenta con las huertas , como si aquí los adictos estuvieran rastrillando la tierra todo el día -se queja Jorge Ruiz, director del Programa Aser-, "una institución cristiana abierta a todas las religiones, a la que llegan chicos que no creen en nada".
En cuanto al aislamiento, "ya no lo propiciamos -afirma-: a partir de los quince días, la familia puede visitarlos, aunque muchos chicos necesitan interrumpir su relación con el medio tóxico del que provienen", explica Ruiz. Fundada hace trece años, Aser ( feliz , en hebreo) es una CT manejada por profesionales y cuenta con granjas en La Plata y Neuquén.
No todos los pacientes están internados: los adictos leves que mantienen un vínculo familiar sano, que estudian o trabajan, se incorporan al hospital de día , un tratamiento que requiere de ocho horas diarias en una institución; otros están internados en la comunidad terapéutica para jóvenes-adultos, de la que "pueden irse cuando quieren, no hay coerción ni los medicamos, salvo en los casos psiquiátricos de patologías duales", explica Ruiz.
Finalizada la etapa de internación en la CT (aproximadamente un año), todos los internos pasan al hospital de día. El proceso termina con la reinserción familiar y laboral. Es precisamente esta etapa de la rehabilitación la que Carlos Souza, fundador y director de la CT Aylén considera "la roca más dura del tratamiento".
Mensajeros de la vida
Un juez puede optar por suspender una pena a un adicto a cambio de "medidas curativas de desintoxicación y rehabilitación", en diversas instituciones, que suelen verse en problemas con estos chicos. "Los adolescentes derivados por Minoridad vienen con historias de violencia, se quieren escapar y ninguno quiere curarse", reconoce el Padre Javier Mariani, director espiritual de la Fundación Mensajeros de la Vida. "La calle los llama, pero en el grupo se contienen y baja mucho el deseo de fuga -explica este sacerdote franciscano-. Más que hablar del castigo hablo del amor, de que somos capaces de cambiar de vida a pesar de nuestros errores, hablo de la sexualidad, de la pareja, de la proyección de familia, de la verdad (porque el adicto es muy mentiroso), de confrontarse consigo mismo sin caretas", argumenta el Padre Mariani, que todos los miércoles y sábados en el Santuario de Pompeya oficia de asesor espiritual en la temática de adicciones. La Fundación Mensajeros tiene varias comunidades en la zona norte de Buenos Aires donde se alojan adolescentes, adultos, madres solteras, chicos con SIDA, etc. Durante la reinserción, las mujeres trabajan en panaderías, toman clases de clases de costura y peluquería, y algunos adolescentes van acompañados a escuelas con salida laboral, "ya que la droga para muchos es un medio de vida. Incluso yo que soy sacerdote, sé que esto no se arregla con reflexiones, hay que tomar medidas políticas concretas", opina el sacerdote, que además es delegado de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Buenos Aires en el Area de las Adicciones.
Números
El mayor nivel de consumo de drogas se da en Capital Federal y entre los hombres, que triplican el número de las mujeres. La marihuana tiene mayor nivel de penetración en sectores medios y altos, la cocaína no presenta diferencias, y el mayor consumo de inhalantes se da en los sectores bajos. La marihuana es la sustancia de inicio para un consumo diversificado. El 75% de los consumidores de cocaína la combina con marihuana. De los policonsumidores de marihuana y cocaína, aproximadamente un tercio combina esas drogas con la pasta base.
De los que probaron marihuana, uno de cada cinco lo hizo por primera vez a los 15 años o menos, entre los 16 y 18 años lo hizo el 45 por ciento. El 1,2% de los chicos de entre 12 y 15 años consume droga en forma habitual, y se iniciaron con alcohol, marihuana, inhalantes y sedantes.
(Fuente: Primer Estudio Nacional sobre Uso de Drogas, Hugo Haime & Asociados, 1999)





