
Los pacientes que padecen esta enfermedad cuentan con drogas que detienen el progreso del daño articular y calman el dolor
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Manos, muñecas, codos, hombros, rodillas, pies y, a veces, la cadera; pocas son las articulaciones que escapan al deterioro progresivo que ocasiona la artritis reumatoidea. Esta enfermedad que suele aparecer entre los 25 y los 55 años , y que afecta a tres mujeres por cada hombre, de no ser tratada puede producir deformidad e incapacidad funcional de las articulaciones.
Afortunadamente, la medicina moderna cuenta con un nutrido arsenal farmacológico, tanto para hacer frente a los dolores que ocasiona como para retardar el deterioro de las articulaciones, permitiendo que quienes la padecen recuperen las funciones articulares pérdidas en los estadios avanzados de la enfermedad.
Error en las defensas
"La artritis reumatoidea es una enfermedad inflamatoria, reumática y crónica, que se caracteriza por ser un proceso autoinmune y autoentretenido", explica el doctor Juan José Scalli, jefe de la Unidad de Reumatología del Hospital Durand. Ciertos soldados del sistema inmunológico llamados linfocitos T se rebelan contra las articulaciones que deben defender, inflamando la zona atacada. El daño de estos tejidos realimenta la inflamación que, al progresar, deteriora las articulaciones y anula su normal funcionamiento.
"De no ser tratado, el paciente puede desarrollar incapacidad en 5 años -advierte el doctor Scalli-. En etapas avanzadas, la enfermedad puede manifestar complicaciones extraarticulares y atacar el pulmón, corazón, riñón, hígado, ojos, tubo digestivo e incluso puede expresarse en el nivel arterial."
Quienes padecen artritis reumatoidea sufren períodos de crisis, caracterizados por la inflamación, hinchazón, dolor y enrojecimiento de las articulaciones, que se alternan con períodos intercríticos, de duración variable, en los que los síntomas ceden hasta la próxima crisis. Aun así, de todos los síntomas el más característico es la rigidez matinal de las articulaciones. Según Scalli, "hay pacientes que de no ser tratados pueden tener rigidez durante todo el día".
Agresivos desde temprano
"El tratamiento debe adecuarse a la etapa de la enfermedad en que se encuentra cada paciente", explica Scalli. En una primera etapa se suele recurrir a los antiinflamatorios no esteroideos (aspirina, fenoprofeno, ibuprofeno, diclofenac, naproxeno, piroxicam, etcétera) para combatir los síntomas arriba mencionados. Los corticoides también forman parte del arsenal farmacológico, pero siempre administrados en bajas dosis y por períodos no muy prolongados. Según Scalli, "se los utiliza para tratar algunas crisis o para casos muy específicos que presentan complicaciones mayores".
El otro grupo de fármacos son las llamadas "drogas antirreumáticas modificadoras de la enfermedad" (Dmards). Según el doctor Daniel Furst, profesor de Medicina de la Universidad de Washington (Estados Unidos), "además de cumplir funciones antiinflamatorias, estas drogas pueden cambiar el curso de la enfermedad.
"Si bien todavía no existe ninguna droga que revierta o detenga el proceso inflamatorio que caracteriza la artritis reumatoidea, los Dmards desaceleran o ralentan este proceso, lo que permite revertir la discapacidad que provoca esta enfermedad", agrega la doctora Viveke Strand, profesora de Inmunología en la Universidad de Stanford (Estados Unidos).
Scalli, Furst y Strand coinciden en subrayar que los últimos años han sido testigos de un cambio en el enfoque de la terapéutica de la artritis reumatoidea. "Antes éramos más lentos y esperábamos más tiempo para dar alguna droga activa; ahora nos hemos dado cuenta de que si somos más agresivos de entrada evitamos que el paciente llegue a un problema de incapacidad", afirma el doctor Scalli.
Sobre Dmards
"Existen muchas drogas que se han utilizado en el tratamiento de la artritis reumatoidea, como las sales de oro, la sulfasalasina o los antimaláricos, pero por ser tóxicos se reservan para casos específicos", explica Scalli. Actualmente, las drogas que más se destacan son dos Dmards: el metrotexato y su más reciente compañera, la leflunomida.
"Hasta la aparición de la leflunomida, la droga más usada era el metrotexato." Si bien éste ha demostrado ser efectivo en el tratamiento de esta dolencia, "tiene un rango de toxicidad muy grande que debe ser controlado durante el tratamiento".
Según el doctor Scalli, "la leflunomida es tan efectiva como el metrotexato en evitar la progresión de la enfermedad, pero sin manifestaciones colaterales tan severas". Este fármaco que cuenta con la aprobación de la FDA y de su par argentino, la Anmat, bloquea la multiplicación de los linfocitos T, aquellas células que protagonizan la reacción autoinmune que deviene luego en inflamación articular.
En cuanto a los efectos secundarios de la leflunomida, se limitan a diarreas, nauseas y vómitos. "Una contraindicación importante es que las mujeres que quieran quedar embarazadas no deben utilizar esta droga -señala el doctor Furst-. A largo plazo, lo que va a limitar el uso de la leflunomida no son sus efectos colaterales sino su costo: en los Estados Unidos es cuatro veces mayor que el del metrotexato. Allí se usa primero este último y si el paciente no puede tolerar sus efectos secundarios se pasa a la leflunomida."
¿Ejercicio o reposo?
Pero el tratamiento de esta enfermedad no se agota en la medicación. Según el doctor Scalli, "el ejercicio controlado por un kinesiólogo o por un fisiatra es muy importante para poder mantener la función articular.
"Un paciente con artritis reumatoidea también debe hacer terapia ocupacional y, seguramente, en algún momento tendrá que tener apoyo psicoterapéutico para comprender su enfermedad."
En cuanto al reposo, no es una recomendación habitual y sólo se reserva para los períodos de crisis. Durante esos días, es necesario tener especial cuidado con las articulaciones afectadas para no agravar más aún la inflamación. Pero una vez superada, hay que retomar el movimiento cotidiano.
Estrógenos bajo sospecha
Si bien la medicina ha logrado comprender el proceso autoinmune por el cual la artritis reumatoidea ataca las articulaciones y cómo éste se autoperpetúa, poco es lo que se sabe con certeza sobre sus causas. Son muchos los elementos que están bajo sospecha: stress, factores genéticos e incluso algunos virus estarían involucrados en el comienzo de la enfermedad. Por otro lado, que sean las mujeres las más afectadas sugiere que los estrógenos -conocidos por su capacidad para favorecer la respuesta inmunológica- deben tener algo que ver en el asunto.






