
La matronatación, método desarrollado por la argentina Patricia Cirigliano, ofrece un espacio privilegiado de comunicación entre padres e hijos y promueve el dominio emocional
1 minuto de lectura'
Un grupo de mamás parece disfrutar enormemente de las canciones y los juegos que realiza en el agua junto a sus hijos. Algunos son bebitos de sólo unos meses de edad, otros ya son niños, pero todos tienen menos de cinco años. Empiezan poniéndose sombreros de agua con pequeños baldes llenos de líquido que darán vuelta amorosamente sobre sus cabecitas, y a medida que avancen las clases adquirirán más destrezas hasta nadar como pececitos hasta el punto de estar más felices dentro del agua que fuera de ella.
"No importa la edad a la que comienzan con la matronatación , los chicos demoran alrededor de un mes y medio en recuperar esa sensación muy conocida de estar absolutamente sumergidos, como estaban en el vientre materno; luego de dos meses más ya se largan a nadar solos, comienzan a transitar por el agua bajo dominio respiratorio necesitando más o menos auxilio adulto según su evolución para incorporarse, porque hay bebes que nadan antes de poder sentarse o caminar", explica Patricia Cirigliano, profesora de educación física, doctora en psicología clínica y en sociología, fundadora de la Escuela Argentina de Natación para Bebes y creadora del método matronatación .
Aunque la enseñanza de la natación para bebes comenzó en la Argentina hace cuarenta años y no son pocos los niños que aprenden a nadar a corta edad, es aún increíble la cantidad de niños que también se ahoga por no saber nadar o por no respetar normas elementales de seguridad. De ahí que, además de ser un deporte importante para lograr un desarrollo armónico del cuerpo, la natación sea considerada una práctica de gran utilidad como medida preventiva para evitar accidentes en el agua.
Está demostrado que los niños pueden aprender a nadar desde muy temprano sin necesidad de una ambientación demasiado prolongada. Para el recién nacido, estar y moverse dentro del agua es algo casi natural. Sin embargo, los niños deben saber que el agua no es sólo espejo, que es peligrosa y por eso deben aprender a defenderse en ella para disfrutarla y convertirla en un elemento de salud, diversión y alegría.
Por el vínculo
Aprendizaje y supervivencia pueden ser motivos suficientes para asistir a clases de natación con niños que, a veces, aún no saben hablar. Pero a eso se suma el vínculo establecido, que es maravilloso. Los bebes disfrutan de ese momento de juego y comunicación tanto como los padres.
"Encabezando los objetivos de la matronatación y por encima del dominio del arte de nadar, del desarrollo neuromotor o de la iniciación de la socialización del bebe, están los vínculos padres-hijos, es decir, la armonización de la familia", cuenta Patricia Cirigliano que, tras cuarenta años de experiencia y 12.400 bebes nadadores, puede asegurar que en los años noventa muchos padres tienen una necesidad desesperada de recuperar la intimidad con sus hijos. Y relata que durante los primeros diez años asistían quienes buscaban la novedad de tener un bebe nadador en la familia. En la siguiente década, llegaron con la idea educativa y desearon enseñar a nadar a sus hijos. Después de eso, se tuvo conciencia de la enorme cantidad de ahogamientos y sumaron la supervivencia, para llegar finalmente al tema del vínculo.
"Especialmente en la matronatación terapéutica, realizada con chicos ciegos, sordos, con lesiones cerebrales, distrofias o con torpezas psicomotrices, es increíble cómo los padres se conectan con el niño completo, no con una piernita que no funciona sino con el niño mismo", afirma Cirigliano.
"No podríamos enseñar todo lo que enseñamos si no estuviera la presencia reaseguradora de los padres", sostiene la profesora. Es que, según la definición, nadar es trasladarse en forma autónoma y por los propios medios bajo control respiratorio y emocional durante una cierta distancia. "Lo nuestro es un manejo dinámico de la respiración, donde el niño puede soplar, expulsar el aire y retenerlo según quiera, a diferencia del condicionamiento reflejo a veces empleado en que se condiciona, se somete al otro a respuestas netamente fisiológicas y no voluntarias mediante maniobras que provocan un corte respiratorio obligatorio o apnea", advierte Cirigliano. Dice, además, que se trata de un aprendizaje que no es tal, pues si el condicionamiento no se restaura en tiempos limitados empieza a extinguirse.
En un estudio realizado en la escuela de la doctora Cirigliano y presentado en las Terceras Jornadas Argentinas de Educación Acuática Infantil, se monitoreó la frecuencia cardíaca de bebes de 15 días hasta pequeños de 5 años mediante un sensor no invasivo que registraba durante la clase los latidos cardíacos. El objetivo era encontrar qué exigencia cardíaca había durante la clase de matronatación fuera del agua, en ella y en los intercambios de fuera y dentro como, por ejemplo, pasar de una zambullida a nadar. Se obtuvo que en las clases los niños no alcanzaban nunca el rango máximo de latidos por minuto del corazón. Asociado al hecho de que ellos alcanzan los rangos máximos cuando están irritados, se concluyó que el niño está placenteramente en el agua durante la clase, sin exigencia alguna.
Las cualidades del agua juegan también un importante papel a la hora de superar las crisis vitales, como la dentición, el destete, el gateo, ponerse de pie, la marcha y el habla. Para que el lugar donde se sumerjan los niños sea un espacio de salud, el agua de las piletas donde se imparten las clases debe cuidarse con químicos de última generación y el tenor de cloro y pH controlarse diariamente. Análisis bacteriológicos continuos, controles médicos correctos y frecuentes, y la utilización y cloración adecuadas de los lugares aledaños a la piscina y de los vestuarios son también importantes. Además, es fundamental la ducha previa dada con jabón, sin malla y con lavado de cabeza. "Si uno exige todas esas cosas, el agua es una maravilla, ningún caldo de cultivo -como gustan llamar muchos- para la propagación de enfermedades", finaliza la especialista.
Con cuidado
La Academia Americana de Pediatría no recomienda enseñar a los niños a nadar antes de los 3 años. Dicen que saber nadar desde pequeños no necesariamente hace de los niños mejores nadadores y que tampoco los inmuniza contra cualquier accidente que pueda ocurrir en el agua. Al contrario, el sentirse demasiado cómodos en el agua les crea una falsa sensación de seguridad, tanto a ellos como a sus padres, que tienden a supervisarlos menos. Y saber nadar no necesariamente implica seguridad en un ciento por ciento.
"Estoy totalmente de acuerdo", expresa Patricia Cirigliano, orgullosa de haber conseguido la especialización con título oficial en matronatación y educación acuática infantil para el profesorado de educación física que dirige. "Ocurre que el trabajo que se hace en los Estados Unidos es por reflejo condicionado, y por eso ocurre todo lo que ocurre. Crea una falsa sensación de seguridad, pues un niño que no hace un aprendizaje verdadero o inteligente cree que está seguro, pero como estamos hablando de condicionamiento reflejo, su aprendizaje no pasó por la conciencia. El condicionamiento se desactiva fácilmente y el accidente fatal está más próximo -afirma Cirigliano-. Además, nosotros nos concentramos en que los padres aprendan las normas de seguridad en el agua y que las transmitan a los niños, que también van aprendiendo lo suyo", concluye.
Por su parte, la Sociedad Argentina de Pediatría manifestó no tener una opinión formada al respecto.





