
Cuáles son los cambios más recientes en las pautas de diagnóstico y tratamiento de la enfermedad
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La enfermedad y sus consecuencias siguen siendo las mismas. Sin embargo, en los últimos años los avances en el conocimiento de sus causas, las formas de abordaje y los recursos terapéuticos para combatirla han sido tan enormes que poco queda de aquellos conceptos y criterios que médicos y pacientes le adscribían a esta compleja afección.
Se considera hipertensa a aquella persona cuyas reiteradas tomas de presión llegan a valores promedio de 14 mmHg de máxima o 9 mmHg de mínima. El cambio fundamental en el abordaje de la hipertensión reside en cuál es el momento a partir del que se la considera una enfermedad.
"Desde hace cincuenta años se sabe que existe una relación lineal entre el aumento de la presión arterial y la enfermedad coronaria, insuficiencia renal y accidente cerebrovascular --explica el doctor Jorge Tartaglione, vicepresidente de la Fundación Cardiológica Argentina--. Pero se ha comprobado que esta relación comienza con niveles de presión arterial cercanos a 120/80 mmHg. Así, muchos eventos cardiovasculares ocurren en personas con una presión que hoy consideramos arbitrariamente normal."
Este importante descubrimiento ha obligado a replantear la categoría de hipertensión, agregándosele la de prehipertensión, que abarca a todas aquellas personas cuya presión oscila entre 130 y 140 de máxima u 85/90 de mínima, para hombres y mujeres de cualquier edad.
"Los últimos estudios indican que el 40% de las personas que se encuentran en este rango, en unos años serán clínicamente hipertensas --aporta el doctor Carlos Galarza, de la Unidad Hipertensión del Hospital Italiano--. Por lo tanto, las recomendaciones que antes se referían sólo a los hipertensos hoy se aplican a casi todos los seres humanos, porque prácticamente el 70% de los adultos estamos entre la prehipertensión y la hipertensión llana."
Por otra parte, a medida que aumenta la expectativa de vida, se observa que la mujer entre los 50 y los 60 años alcanza una predisposición a la patología similar a la del varón. En éste, de los 30 años en adelante, a más edad mayor riesgo. Otro de los grandes cambios en las pautas diagnósticas es la evaluación de la presión máxima y mínima en forma simultánea, cuando hasta hace una década "la importancia era controlar la mínima, porque la máxima era un problema que venía con la edad".
Múltiples causas
Si bien la presión puede aumentar por múltiples causas, la edad, la ingesta de sodio, el exceso de peso y el estilo de vida sedentario y estresante son las fundamentales. Recientemente, se descubrió que el uso de ciertos medicamentos, como los antiinflamatorios que las personas de edad consumen para aliviar dolores articulares, pueden elevar la presión arterial.
El abordaje terapéutico es el que más innovaciones ha recibido: en los últimos cinco años, casi todos los estudios han demostrado que hay varias maneras muy efectivas para bajar la presión, no sólo dejar de comer sal.
"Efectivamente --desarrolla el doctor Jorge Tartaglione--, un estudio llamado DASH demostró que una dieta rica en frutas, fibras y bajo contenido en grasas saturadas y totales disminuye en forma significativa la presión arterial.
Luego, el estudio TONE comprobó que la combinación de la reducción de peso y la dieta hiposódica era la terapéutica que mayor beneficios aportaba en la reducción de la presión arterial, permitiendo además una disminución significativa de fármacos necesarios para controlar la presión arterial, dato de suma importancia dado la cantidad y el costo de los medicamentos que consumen las personas mayores."
Estos nuevos estudios han hecho que la estrategia de tratamiento cambie radicalmente. El doctor Galarza cuenta: "Más que intensificar la prohibición de alimentos que elevan la presión se sugieren otros, que además de bajarla protegen el cerebro y el corazón".
Dentro de esta dieta, los alimentos de elección son las frutas y los vegetales crudos, en especial las legumbres; los aceites recomendados son el de oliva y el de soja, porque tiene omega3, y se privilegia consumir nueces en pequeñas proporción. La acción benéfica de estos alimentos se basa, por un lado, en la presencia de altas dosis de potasio y antioxidantes, y en que al comer los alimentos en estado natural, la digestión es más lenta.
Pero, además, este patrón alimentario permite controlar el exceso de peso, que es otra de las causas de hipertensión en adultos. De allí la importancia de realizar actividad física, que tiene efecto directo en la prevención del riesgo cardiovascular.
Dónde consultar
- Fundación Cardiológica Argentina: (011) 4961-9388
- Hospital Italiano de Buenos Aires, Unidad de Hipertensión: (011) 4981-2757.
Automonitoreo y tratamiento
Todos los adultos deberían conocer su presión, tomándosela al menos de dos a tres veces por año. En cuanto a los hipertensos, deben controlarse tres veces por semana entre consulta y consulta. "Hoy es decisiva la toma en el hogar y aquellos que trabajan se tienen que controlar en su horario de trabajo, no cuando están relajados", dice el doctor Carlos Galarza.
Las recomendaciones para el automonitoreo son sencillas: si la persona escucha bien, lo mejor es el tensiómetro anaeroide, el común, porque es el más económico. También hay medidores de brazo con display digital, más costosos, pero igualmente precisos. "Por ahora no se aconseja la medición con los tensiómetros de muñeca porque hemos visto algunas imprecisiones inexplicables", dice el especialista.
En cuanto a los medicamentos, la ventaja es la gran diversidad. En la actualidad, se ha revalorizado el uso de los inhibidores de la angiotensina y los diuréticos en bajas dosis. En personas mayores se emplean también los bloqueantes clásicos. En cambio, ya no forman parte de las recomendaciones habituales los betabloqueantes.
Además, se ha abandonado la idea de monoterapia y el mejor tratamiento es el que combina dos o tres antihipertensivos.
Sal, enemigo público número uno
La sal --el sodio, para ser más precisos-- es uno de los grandes responsables del aumento de la presión arterial. Se estima que los argentinos consumen 16 gramos de sal por día, mientras que la recomendación es de aproximadamente seis gramos para las personas sanas. Recientes estudios sugieren que disminuir el consumo de sal es beneficioso para todos los individuos.
En otras palabras: hay que abandonar el salero. Si disminuimos tres gramos por día la cantidad de sal ingerida, se evitarían en nuestro país 10.000 muertes por enfermedades cardiovasculares al año.
El gran problema con el sodio es que se encuentra presente en innumerables alimentos. "Nosotros la llamamos la sal invisible --explica el doctor Carlos Galarza--. El común de los hipertensos en tratamiento no ingiere sal del salero, pero sí de esta sal invisible."
De hecho, la principal ingesta de sal en la Argentina proviene de los productos panificados. La sal invisible se halla presente en grandes cantidades en harinas leudantes, tapas de tartas y empanadas, pastas, quesos comunes y cremosos. Para darnos una idea, mientras que una papa tiene 20 mg de sal por 100 g, el pan contiene 1000 por 100 gramos.
Para satisfacer la gran demanda de alimentos que combinen sabor y ausencia de riesgo, cada vez son más los productos de bajo contenido de sodio que ofrece el mercado: panificados, quesos y aguas minerales cumplen muy bien su función.
"La sal light, por ejemplo, es un producto muy bien pensado --opina el doctor Galarza--; tiene menos sodio y más potasio."






