Por Laura Pietrasanta
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Algunas mujeres al llegar a la menopausia abandonan su sexualidad y sólo aceptan ser abuelas. La pérdida de la menstruación es la excusa para no realizar algo que nunca aprendieron a disfrutar. "¿Para qué seguir teniendo relaciones si ya no voy a tener más hijos?", me han preguntado más de una vez.
No era el caso de Marta, de 60 años, ojos oscuros y andar elegante. Su cabellera canosa estaba perfumada con picardía. "Doctora, muy a mi pesar, ya no puedo tener una actividad sexual tan intensa", me dijo.
Su mayor problema era la lubricación. Con la menopausia, las mujeres pierden gran parte de su capacidad de lubricación vaginal. Esto puede causar irritación o dolores durante el acto sexual debido a que el organismo ya no posee una protección natural contra la fricción. En las mujeres jóvenes la lubricación es un parámetro que mide la excitación: cuando el nivel es alto, los vasos de la pelvis provocan una congestión de la zona y con ella un transudado (es como si la vagina transpirara, como si fuera la piel de un deportista en actividad).
Con la menopausia la mucosa de la vagina pierde turgencia y elasticidad. Las mujeres jóvenes tienen el tejido de la vagina arrugado, estas arrugas permiten que se estire en el momento de la excitación. Pero mientras la piel de la cara se arruga a medida que pasa el tiempo, la piel de la vagina se alisa.
Sin embargo, el deseo sexual no disminuye. Aunque los estrógenos y la progesterona desaparezcan, la testosterona, hormona que se encuentra en gran cantidad en los varones y es la encargada del deseo de uno y otro sexo, no decae con la edad.
Sin los chicos correteando por la casa y con un marido jubilado, la situación de Marta era ideal: tenía todo el tiempo y el espacio necesarios para divertirse y gozar. Sin embargo la falta de lubricación complicaba las cosas. Lo que Marta no sabía es que los órganos genitales están formados por tejidos que mejoran su actividad cuando se los pone en práctica con frecuencia: una mayor actividad sexual mejora la lubricación. Por lo que la primera indicación era ejercitar la zona.
La segunda: darle una mano al cuerpo con la lubricación. Lo ideal sigue siendo la saliva, pero en el mercado hay unos lubricantes muy efectivos de origen vegetal. No conviene elegir la vaselina porque es sintética y puede tapar los poros de la piel.
Otro secreto es practicar ejercicios pélvicos. Contrayendo los músculos pubo-coccígeos que se encuentran en la entrada de la vagina se mejora la firmeza de sus tejidos y, además, la calidad de los orgasmos (el orgasmo es un reflejo muscular). Lo ideal es realizar 50 repeticiones, tres veces por día. "¿Pero cómo sé cuáles son estos músculos y cuál es el movimiento?", me preguntó Marta, un poco confundida. Es el mismo movimiento que se necesita para cortar la micción.
Pero como Marta padecía una sequedad vaginal muy grande le receté una terapia de reemplazo hormonal local: una crema que contiene hormonas y se aplica una vez por día.
Mi último consejo fue el más importante: dar y recibir caricias. La mujer necesita mucho más tiempo para lograr la excitación, y con ella la lubricación. Esto se debe a causas biológicas y no psicológicas: requiere cinco veces más tiempo de irrigación sanguínea para alcanzar el orgasmo. Y esto se logra con caricias y muchos mimos.




