
En números, el impacto es considerable: en 2030 se van a perder 80 millones de empleos de tiempo completo por olas de calor
4 minutos de lectura'


Los desastres climáticos se volvieron uno de los temas centrales de la agenda global. En la Argentina, la atención está puesta en El Niño y en las consecuencias que las lluvias intensas y las crecidas de los ríos pueden generar.
En este contexto, es importante analizar el cambio climático como un fenómeno con consecuencias actuales y no como una temática que solo traerá repercusiones futuras. “No va a afectar solo a los osos polares en el glaciar, sino que está enfermando e incluso matando gente”, afirmó Damián Markov, médico pediatra especialista en medicina climática y salud ambiental, durante la sexta edición del summit de Salud organizado por LA NACION, y describió un panorama desalentador: un futuro “cada vez peor”, con eventos climáticos extremos más frecuentes, duraderos e intensos, como olas de calor, inundaciones y propagaciones de enfermedades transmitidas por vectores como el dengue. “Se dan las condiciones para que nuevos brotes de enfermedades empiecen a aparecer”, advirtió Markov.

Esta problemática también tiene consecuencias sobre el mundo laboral. Germán Lozano, cirujano general y especialista en medicina del trabajo, analizó el efecto de estos fenómenos. “Los problemas de salud traen aparejada la enfermedad en los trabajadores con el consecuente ausentismo. De esta manera, se genera una situación de emergencia en las empresas por el descenso de productividad”, explicó.
En este sentido, Lozano consideró necesario construir una fuerza laboral más resiliente frente a las situaciones provocadas por fenómenos ambientales y destacó la capacitación como una de las herramientas para lograrlo. “Todos los trabajadores deben involucrarse: el CEO como líder empresarial y responsable de la continuidad del negocio y el jefe de Recursos Humanos para mejorar el estándar de vida y salud, retención del talento”, sintetizó.

En números, el impacto es considerable: “En 2030 se van a perder 80 millones de empleos de tiempo completo por olas de calor”, remarcó Markov citando un informe.
Este dato se observa en la Organización Internacional del Trabajo, en donde se declaró que, en 2030, las previsiones indican que se perderá anualmente el equivalente de más del 2% del total de horas de trabajo en todo el mundo, porque hará demasiado calor para trabajar o porque los trabajadores se verán obligados a trabajar a un ritmo más lento.

El dengue: una de las principales preocupaciones
Entre las problemáticas que destacaron los especialistas aparece el dengue y la posibilidad de que determinadas condiciones climáticas favorezcan la proliferación del mosquito que transmite la enfermedad. “Con el Niño vendrán más lluvias, más depósitos de agua estancada, por ende más dengue”, resumió Markov. Además, consideró “muy probable” que se generen las condiciones para que haya un nuevo brote “grande” en tres o cuatro meses.

Por eso Lozano destacó la importancia de incorporar la prevención dentro de los programas de bienestar de las compañías, especialmente entre las poblaciones laborales con mayor exposición, como quienes trabajan en la agricultura y la construcción.
“Hay que proveer recursos y elementos de protección, educación y fomentar las consultas precoces ante síntomas”, reafirmó el profesional, quien además distinguió la vacunación como una de las claves. Es más, según declaró el médico, al vacunarse contra el dengue se baja la posibilidad de hospitalización en un 85%, y en un 90% se evita la posibilidad de padecer la forma más grave, que es la hemorrágica.
El dengue también puede tener consecuencias sobre el ausentismo laboral. “Una persona enferma de dengue falta dos semanas al trabajo, y con un dengue grave, hasta 18 días”, apuntó Markov. En este sentido, sostuvo que prevenir la enfermedad no solo permite proteger la salud de los empleados, sino que también es una forma de hacer que las empresas sigan productivas.
Entre las medidas de prevención, recomendó eliminar recipientes que puedan acumular agua y consultar sobre la vacunación. “Como no hay mosquitos dando vueltas, no se percibe el riesgo”, advirtió, y aconsejó darse la primera dosis ahora, ya que la segunda hay que aplicársela en tres meses.
Un dato no menor que subrayó Lozano es que, además de la prevención y las mejoras que pueden hacer las empresas, como desmalezar los espacios abiertos, proveer ropa adecuada y mejorar los tendidos de redes, es necesario tener apoyo psicológico. “Muchas personas que padecen dengue quedan con residuo de decaimiento grande y temores”, concluyó el médico.



