
En el último Congreso Mundial de Ginecología Endocrina, que se realizó en Buenos Aires, se discutieron los pros y los contras de las terapias de reemplazo hormonal. Cuáles son los últimos avances
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Las primeras en aparecer fueron las terapias de reemplazo hormonal. Ya entrados los años noventa, las siguieron los moduladores selectivos de los receptores estrogénicos . A fines de abril, en el VII Congreso Mundial de Ginecología Endocrina que se realizó en la ciudad de Buenos Aires, fue presentada la dehidroepiandrosterona , tercera generación de drogas destinada a las mujeres que atraviesan esa etapa de la vida que indica el inicio de la menopausia: el climaterio.
Con la retirada de los estrógenos, sus efectos protectores sobre las paredes de las arterias y las concentraciones de lípidos en sangre se esfuman, al igual que la protección que brindaban contra la osteoporosis. Es por eso que durante el climaterio las mujeres quedan expuestas a la descalcificación de sus huesos y a las distintas afecciones cardiovasculares. En esa etapa de la vida constituyen la principal causa de muerte femenina. Además, el 70% de las mujeres experimentan una combinación de diversos síntomas que abarcan desde los clásicos sofocos, dolores articulares, calambres, cansancio, insomnio o sequedad vaginal hasta problemas de memoria, concentración o depresión.
A la hora de elegir un tratamiento, "el médico hace una suerte de traje a medida de esa paciente", señala el presidente del congreso, el doctor Antonio Tempone. Porque tanto las terapias de reemplazo hormonal (TRH) como los moduladores selectivos de los receptores estrogénicos (SERM) tienen sus pros y sus contras. Las primeras han demostrado ser muy eficientes para combatir la osteoporosis y las afecciones cardiovasculares, pero son acusadas (y esto es motivo de debate) de elevar el riesgo oncológico. Por su parte, si bien los SERM acreditan ser de gran utilidad en la prevención de la descalcificación de los huesos, no han demostrado ser tan útiles como las TRH en la prevención de los problemas cardiovasculares tan comunes durante el climaterio.
Un marcador cronológico
En el marco del VII Congreso, el doctor Fernand Labrie, del Centro Médico de la Universidad Laval, de Quebec (Canadá), presentó sus experiencias realizadas con otra generación de hormonas que podría constituir una nueva opción para la menopausia: la dehidroepiandrosterona (DHEA). "Según el trabajo presentado por el doctor Labrie, suplementar por vía oral la hormona DHEA produciría en la mujer los mismos efectos benéficos que los estrógenos (proteger la masa ósea y disminuir el riesgo de problemas cardiovasculares), pero no tendría efectos cancerígenos sobre la mama, no alteraría los balances de colesterol y no induciría la reaparición de los sangrados no deseados."
Para el doctor Tempone "la DHEA podría tomarse como un verdadero marcador cronológico humano , ya que su producción por parte de la glándula suprarrenal declina con la edad. La concentración en sangre de la DHEA experimenta un aumento durante la etapa puberal que luego se mantiene hasta los 40 años; a partir de ese momento comienza a declinar, y más marcadamente a partir de los 50 o 52 años, con la menopausia".
Por otra parte, la DHEA no es una hormona exclusiva de las mujeres, también está presente en los hombres. La diferencia es que el declinamiento de su producción en el hombre se produce un poco más tarde que en la mujer. Según Tempone, "se piensa que la DHEA también podría llegar a tener una aplicación en el hombre, para retardar los distintos fenómenos que el envejecimiento conlleva".
Paradojas del estrógeno
En el VII Congreso Mundial de Ginecología Endocrina, el doctor Barry Wren expuso una experiencia bastante particular. Este médico australiano trató con terapia de reemplazo hormonal combinada con drogas antiestrogénicas como el tamoxifeno a las pacientes menos indicadas para recibir estrógenos: mujeres que sufrían los síntomas de la menopausia y que previamente habían sido operadas de cáncer de mama. Finalizado este experimento multicéntrico, del que participaron 400 mujeres durante 10 años, Bren pudo comprobar en sus pacientes una sobrevida mayor y una menor cantidad de casos de reaparición de la enfermedad que lo que cabría esperar.
"Esto, hasta el momento, estaba contraindicado -explica el doctor Tempone-. En medicina se suponía que nunca había que darle estrógeno a una paciente cuyo ciclo ovárico había concluido porque existía peligro oncológico." Según el especialista, "no está demostrado que el uso de terapias de reemplazo hormonal esté asociado con un aumento en la incidencia del cáncer de mama".




