
Una mujer observa con angustia cómo su hermana se desgasta en un matrimonio marcado por el desequilibrio de responsabilidades y la falta de apoyo
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Pregunta: Estoy lidiando con lo que estoy viendo en el matrimonio de mi hermana. Cada vez que pasamos tiempo juntos, es muy evidente para mí que ella carga con la mayor parte del peso emocional y físico de sus dos hijos pequeños. Ella es quien se despierta temprano con ellos, maneja los berrinches, cocina y mantiene todo en pie. Mientras tanto, su esposo duerme hasta tarde, pasa largos ratos frente a la computadora o el teléfono (alegando que está “trabajando”) y rara vez ayuda si no se lo piden.
Lo más preocupante es que, cuando interactúa, a menudo parece impaciente con los niños —y a veces incluso empeora sus berrinches provocándolos o burlándose cuando ya están alterados. Mi hermana, en cambio, a veces sobrerreacciona mimando en exceso a los niños. La dinámica entre ellos se siente completamente desequilibrada.
Recientemente me dijo que su esposo fue diagnosticado con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad), y que ha estado leyendo sobre cómo apoyarlo mejor. Pero él a menudo descarta sus esfuerzos con bromas —como decir: “Nada va a ayudar a menos que vos y los chicos se muden”, o restarle importancia con: “Ese es tu problema, no el mío”. Él lo presenta como humor, pero no se siente inofensivo.
Cada vez que otros, incluida nuestra madre, han intentado hablar con ella sobre esto, ella se pone a la defensiva. Quiero apoyarla, pero me siento atrapada entre no entrometerme y no quedarme callada mientras ella se agota.

¿Cómo puedo apoyar a mi hermana cuando veo tan claramente este desequilibrio, pero ella quizás no esté lista para verlo o nombrarlo?
La respuesta de la terapeuta:
Es difícil ver cómo alguien que amás es tratado de una manera que considerás inaceptable. Te importa el bienestar de tu hermana, y estás luchando por entender por qué tolera lo que, a tus ojos, es una falta de equilibrio en responsabilidades, respeto y esfuerzo emocional. Tu instinto es ayudarla a ver lo que vos ves, y luego hacer algo al respecto.
Pero hay dos cosas a tener en cuenta. Primero, puede que ella no esté infeliz, o al menos no tan infeliz como vos con el funcionamiento de su matrimonio. Segundo, incluso si lo está, no podés convencerla de hacer algo al respecto mientras ella esté a la defensiva.
Está claro que tu preocupación está basada en el cariño, no en el juicio, pero cuando ella responde a la defensiva, podría ser porque tu preocupación —aunque expresada con amor— toca un punto que aún no está lista para enfrentar.
A menudo la defensividad encubre la vergüenza, o es resultado de sentirse expuestos en una situación que todavía no confrontamos. Es posible que tu hermana vea parte o todo lo que vos ves, pero reconocerlo en voz alta puede ser abrumador, especialmente si ya intentó hablarlo con su esposo y se encontró con rechazo o indiferencia.
Ellos parecen atrapados en un patrón relacional común donde una parte sobrefunciona (tu hermana) mientras que la otra subfunciona (su esposo). Esta dinámica genera un ciclo que se refuerza solo: cuanto más hace ella, menos siente él que debe hacer; y cuanto menos hace él, más se esfuerza ella por compensar. La pregunta para ellos es: ¿Qué está detrás de este patrón?
El TDAH podría tener un rol aquí, en especial si su esposo, hasta hace poco sin diagnóstico ni tratamiento, vivió experiencias en su infancia que lo dejaron con sentimientos de inseguridad, incompetencia o incomprensión. Sus burlas mal concebidas cuando los niños necesitan apoyo podrían reflejar lo que él mismo vivió de chico al estar angustiado. Y cuando bromea con frases como: “Nada va a ayudar a menos que ustedes se muden”, podría estar expresando su propio sentimiento de insuficiencia o saturación, y la vergüenza que eso le provoca. No es que no pueda actuar de otra manera; es que puede que no crea que puede. Y tu hermana tal vez esté compensando no solo su inacción, sino también su sensación de desesperanza, que él disfraza con evasión.
La mejor manera para que cambien este patrón es entender qué lo alimenta —con apertura y curiosidad, en lugar de culpa— con la guía de un terapeuta de pareja. Pero esa es una decisión que deben tomar ellos.
Mientras tanto, esto es lo que vos podés hacer:
Podés pasar del modo de intervención al modo de conexión. En lugar de decir “Él no está ayudando”, podrías decir: “Parece que estás cargando con mucho últimamente. ¿cómo estás llevando todo esto?”. En vez de: “Él no debería tratar así a los chicos,” podrías decir: “Parecía muy estresante cuando los chicos estaban teniendo una crisis. Debe ser difícil manejar eso”.
En otras palabras, dale espacio para que sienta su propio agotamiento o frustración, si los tiene. A veces el cambio empieza cuando alguien puede decir: “Estoy desbordada y no puedo más” en vez de que otro le diga: “Te están tratando mal”.
A menudo explico en terapia que, para que ocurra un cambio, los que estamos afuera —terapeutas, familiares, amigos— no podemos quererlo más que la persona que lo vive. Como terapeuta, no puedo ayudar a las personas a aliviar su dolor si ellas mismas no están motivadas a hacerlo. Hasta que llegue ese momento, lo que podemos ofrecer es una presencia activa.
Con tu hermana, no tenés que elegir entre el silencio y la intrusión. Existe un camino intermedio de acompañamiento compasivo, lo que significa verte no como la portadora de una verdad, sino como un espejo en el que tu hermana pueda mirarse sin peligro. Enfocate en apoyarla, no en salvarla, y recordá que aunque no podés rescatarla (si es que quiere ser rescatada), podés caminar a su lado hasta que esté lista para rescatarse sola.



